El calderero que abre el tema de “Lazarillo”

El encuentro de Lázaro con el calderero en el segundo capítulo de Lazarillo de Tormes es una de las escenas más importantes de la novela.  Por la metáfora y la intertextualidad, el autor critica las prácticas de la Iglesia Católica, un hecho audaz durante su época.  Hace igual el pan de trigo y el Pan de Vida para rechazar la posición de la Iglesia que lo espiritual es más importante que lo físico para los pobres.  Además, porque el calderero deja la llave de la caja a Lázaro para usar cuando quiere, el autor implica que la gente común puede tener tanto acceso a Dios como los clérigos.

Tres personajes son importantes en esta escena: el calderero, Lázaro, y el clérigo, quien no está presente pero es el catalizador de las acciones de Lázaro.  El calderero, a prestar un término de Aproximaciones, es un “actante”: un personaje menor usado para avanzar la trama.  Él no demuestra mucha personalidad salvo por los términos religiosos usados para describirlo (de que escribiré más tarde).  Lázaro es un criado pobre.  Vive siempre con la necesidad, incluso en la casa del sacerdote, dentro de la que está muriendo de hambre (51) [1].  No puede dejar a su amo porque no tiene bastante energía en sus piernas para moverse tanto (54).  Como cualquier pobre de la época, Lázaro depende de Dios para vivir, hasta el punto que reza para fallecimientos para que él pueda comer en sus funerales (52-53).  Lázaro opina que Dios es responsable de su alimentación espiritual y física ambas.

Como la mayoría de los personajes de la novela, el clérigo no tiene nombre particular.  El autor lo presenta como un tipo, y sus faltas constituyen una crítica de toda su clase.  El carácter del clérigo es realmente brutal.  Un sacerdote, por su voto y su ocupación, es un hombre de Dios, tiene una responsabilidad especial de imitar a Jesucristo.  Además, porque los pastores viven por los donativos de su pueblo, es razonable exigirlo a no aventajar del pueblo.  Desgraciadamente, vemos pronto que el sacerdote con quien Lázaro vive no es un ejemplar de la generosidad cristiana.  No puede quitar sus ojos del dinero de la ofrenda (51).  Da una cebolla por cada cuatro días a Lázaro mientras él come cinco blancas de carne por cada comida (48-49).  Come los ojos, sesos, y todas las otras porciones valiosas de la carne y deja huesos para Lázaro (50).  Cuando mima a Lázaro con una poquita de comida, dice con mucha ironía, ‘Toma, come, triunfa, que para ti es el mundo.  Mejor vida tienes que el Papa” (50).

Me sorprende un poco que este retrato de los religiosos no sea el límite de la crítica del autor, pero realmente es sólo el preludio para prepararnos para la escena con el calderero.  Lázaro está viviendo con desesperación, y el clérigo, su amo, no está cumpliendo su voto comercial ni su voto religioso de apoyarlo.  Entonces viene el calderero, y desde aquel momento el autor usa la intertextualidad y las metáforas cuantiosamente.  Por ejemplo, Lázaro llama al calderero “un ángel enviado…por la mano de Dios” (54-55).  Los ángeles aparecen muchas veces en la Biblia, pero la ocasión más semejante a esta es Hechos 5:19, cuando un ángel libera a San Pedro de una cárcel.  Como este ángel abrió las jaulas y los vínculos para San Pedro, este calderero abre el arca del pan para liberar a Lázaro del hambre.  Lázaro dice que cuando pide que el calderero abra el arca, su pregunta es “alumbrado por el Spíritu Sancto.”  De la misma manera, el Espíritu Santo dio el poder de retórica y de hablar muchas idiomas a los discípulos de Jesucristo (Hechos 2:4).

Es muy importante que el pan esté dentro de un arca, no una caja.  El arca tiene muchísima importancia religiosa: durante el Antiguo Testamento, los Diez Mandamientos se quedaban dentro del Arca de la Alianza, y Dios vivía allá de una manera tan intensa que tocar el Arca resultaba en la muerte (1 de Crónicas 13:10-11).  Los católicos consideran el tabernáculo que contiene la Eucaristía un nuevo Arca de la Alianza[2], y esto es claramente el paralelo que el autor intenta en esta escena.  Hace el pan dentro del arca del clérigo, que es necesario para vivir, el igual de la Eucaristía, el “Pan de Vida,” para vapulear el desinterés de la Iglesia por la pobreza de sus fieles.

Lázaro ve la cara de Dios dentro del arca como estaba dentro del Arca de la Alianza y como está realmente presente en la Eucaristía según la Iglesia[3].  Para su pago, el calderero toma un “bodigo” o una “oblada” de pan (56).  Las connotaciones eucarísticas de estas dos palabras son muy fuertes.  Con cada frase los paralelos son más obvios: el arca es el “paraíso panal” de Lázaro (56).  Cuando toma el pan en sus dientes, “en dos credos[4] le [hace] invisible” (56).  (Cuando los discípulos en Emaús reconocieron a Jesús entre los panes, él se hizo invisible.)  Como todos los monjes, y como los católicos de Duke esta noche de Jueves Santo, Lázaro participa en la “adoración del pan,” contemplando sobre él y dándolo mil besos (58).  Lo único que el autor no ha hecho es poner su tema en mayúsculas.

El otro argumento revolucionario de la escena es que la gente ordinaria puede comunicar con Dios igualmente al sacerdote.  Esto ocurre cuando el calderero libremente deja la llave del arca con Lázaro (56).  Después él lo abre cada vez que quiere adorar el pan, pero no abusa este derecho: es tan cuidadoso que el sacerdote no se da cuenta por mucho tiempo quién está comiendo el pan del arca (56-59, 70).  Así el autor dice que los pobres no sólo tienen el derecho para comunicar con Dios; tienen la madurez para hacerlo, también.

La Iglesia Católica ha existido por dos mil años y ciclos innumerables de declinación y reforma.  Lazarillo de Tormes fue escrito durante una de estas épocas.  La comparación del pan con la Eucaristía no es sutil; es descarada y intentada para desafiar la Iglesia española.  Además de este episodio, Lázaro nos cuenta de un bulero corrompido, un fraile pervertido, un sacerdote lujurioso quien es amante de su esposa, y un encuentro con el Santo Emperador Carlos V, pero las críticas no fueron mordaces.  Después de esto hubo la Contrareforma, y la evolución de la Iglesia ha seguido por los siglos después, por concilio tras concilio.  Ya la gran mayoría de los sacerdotes vive al mismo nivel de sus fieles.  Las caridades católicas son muy activas: las monjas de la Madre Teresa de Calcuta son reconocidas por todo el mundo, por ejemplo.  La iglesia es mucha más abierta a todos sus creyentes: ahora se pueden leer la Biblia y oír la Misa en sus propios idiomas, y la consagración de la Eucaristía ocurre delante del pueblo en vez de detrás del sacerdote[5].  Sin embargo, no se puede arreglar un problema sin reconocerlo, y por esto la crítica de Lazarillo de Tormes fue esencial.  Aunque fuera considerada peligrosa en su tiempo, últimamente sus ideas revitalizaban la Iglesia.


[1] Rico, Francisco, Ed.  Lazarillo de Tormes.  Catedra: Madrid, 2005.

[2] “The Baltimore Catechism: No. 3, Lesson 8.”  < http://www.ourladyswarriors.org/faith/bc3-08.htm&gt;.

[3] Otro paralelo interesante es Lucas 24:35, en que los discípulos reconocen a Jesús entre los panes en Emaús.

[4] El credo es una oración tradicional que contiene todas las creencias esenciales de la Iglesia.

[5] …aunque este cambio no ocurrió hasta el Concilio II del Vaticano en los 1960.

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