La autocrítica de Larra

Es un cliché inglés que el peor crítico de alguien es uno mismo.  En el caso de Mariano José de Larra, este refrán era verdad.  Muchos de sus artículos criticaron a la sociedad y el autor a la vez, algunas chistosamente y otras gravemente.  Porque escribió la mayoría de sus artículos bajo seudónimos, como el Pobrecito Hablador y Fígaro, no se puede tomar sus cuentos literalmente.  No obstante, hay sustancia temática al fondo de su invención.  Decía Juan Marichal, “Larra comprende que cuando él describe a los demás españoles se está describiendo a sí mismo[1].”  Esta forma nos abre una ventana a sus pensamientos sobre su vida personal, incluso las razones para su desesperación y suicidio.

Un ejemplo de su crítica ligera está en el artículo “Vuelva usted mañana.”  Después de burlar de la pereza de los españoles, él nota que es tan perezoso como todos sus paisanos.  Se pierde sus días hablando, durmiendo, y fumando, y se ha perdido amores, trabajos, y amigos porque no ha tenido la energía para perseguirlos.  Además, reclama que tenía la idea para el artículo hace tres meses y no lo escribía por la pereza.

La pereza del Pobrecito Hablador parece una cosa graciosa en “Vuelva usted mañana,” pero en “El casarse pronto y mal,” publicado antes, podemos intuir el efecto debilitante de la pereza de Larra en su vida personal.  Desde 1829 a 1832, los primeros años de su matrimonio, Larra fue desempleado (Kirkpatrick 36).  No podía apoyar su esposa y sus hijos, y los evitaba a cada oportunidad.  Al mismo tiempo, comenzó su relación extramarital con Dolores Armijo (37).  Pues “El casarse pronto y mal” es casi autobiográfico.

En esta obra, Larra se crítica de una manera neutral e indirecta: el artículo “está presentado no como una confesión, sino con la manifiesta convicción de que el público en su conjunto puede aprender algo de valor de la experiencia individual” (Kirkpatrick 264).  El Pobrecito Hablador cuenta la historia de su hermana, Elena, quien rechazaba todas las convenciones de la sociedad antigua, incluso la religión y el respeto para los padres.  Su novio, Augusto, “fue superficial, vano, presumido, orgulloso, terco, y no dejó de tomarse más rienda de la que se le había dado.”  Ellos demandan el permiso para casarse aunque no tienen ni trabajos ni planes para el futuro.  Cuando finalmente viven juntos, el matrimonio se derrumba en una manera muy similar al matrimonio de Larra.  La casa de Augusto se continúa por la generosidad de su amigo.  Eventualmente Elena, como Larra, comete adulterio.  Deja a su esposo para su amigo-prestador, una circunstancia que probablemente fue una preocupación de Larra durante sus años difíciles.  Cuando Augusto persigue a Elena, ella salta de una ventana y se muere.  (La vida amorosa de Larra lo llevaría a su muerte, también.)  “El casarse pronto y mal” es a la vez un comentario social y un cuento de los amores fracasados del autor.

Durante el año 1836, cuando Larra se caía en desánimo, su autocrítica se hacía más fuerte y directa.  Un ejemplo claro es “La nochebuena de 1836.”  Dice Susan Kirkpatrick, “este notable documento constituye un auto-examen público de Larra angustiosamente sincero e inexorable en su autocrítica, aun cuando ocasionalmente se desliza hacia un tono de autocompasión” (90).  Sigue un modelo romano de sátira: durante los Saturnales, todas las convenciones están invertidas, y los esclavos tienen el derecho a criticar a sus señores, y el autor cuenta lo que dicen.  En “La Nochebuena,” Larra usa su criado para descargar invectiva contra sí mismo (90-91):

Tú buscas la felicidad en el corazón humano, y para eso le destrozas, hozando en él, como quien remueve la tierra en busca de un tesoro…bailas sin alegría…Tú me mandas, pero no te mandas a ti mismo…Yo estoy ebrio de vino, es verdad; pero tú lo estás de deseos y de impotencia! (“Nochebuena”)

Vano, caprichoso, e ingrato es Larra según su criado, y además el trabajador reserva palabras incisivas para la vocación de su señor:

…Inventas palabras y haces de ellas sentimientos, ciencias, artes. Objetos de existencia. ¡Política, gloria, saber, poder, riqueza, amistad, amor! Y cuando descubres que son palabras, blasfemas y maldices.

Aunque Larra fue uno de los primeros españoles que vivieron por su talento con la pluma, su duda de la eficaz de sus palabras fue común.  Expresa las mismas dudas al fin de “El mundo todo es máscaras.”  El demonio Asmodeo, quien ha mostrado a Larra que toda la gente del mundo lleva esconden sus sentimientos reales, y que todos son mentirosos, lo lleva a un teatro.  Mientras Larra cree que los actores, la escena, y el escritor han creado una representación verosímil de las historias griegas, Asmodeo se burla de ellos e implica que las historias que los escritores crean son sintéticas y no alcanzan la realidad.

Es verdad que la introspección es uno de los mayores modos para aprender, pero hay que usarlo correctamente.  La autocrítica sin la resolución de mejorarse es “sonido y furia significando nada.”  Larra fue consciente de sus problemas pero le faltaba la energía para cambiar su vida.  Al contrario, su crítica aumentó año tras año hasta que su psique se hundió.


[1] Kirkpatrick, Susan.  Larra: El laberinto inextricable de un romántico liberal.  Biblioteca Románica Hispánica: Madrid, 1977.

Explore posts in the same categories: Español, Literature, Schoolwork, Spain

Tags: ,

You can comment below, or link to this permanent URL from your own site.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s


%d bloggers like this: