La Rendición de Breda (Las Lanzas)

La rendición de Breda (Las lanzas) es una de las obras maestras de Diego Velázquez, quien es considerado por muchos el mejor pintor español.  Lo pintó en 1634-1635, al comienzo de su “segunda etapa madrileña” (1631-1649) cuando trabajó otra vez en la corte del Rey Felipe IV después de su viaje a Italia entre 1629 y 1631[1].  Esta obra es parte de una serie de doce pinturas que retratan las victorias militares de España bajo de Felipe IV.  La serie estaba planeada para la sala de trono en el Palacio del Retiro y correspondía a una serie de Zurbarán sobre las obras de Hércules, supuestamente para conectar el héroe griego con el Rey.  El hispanista Carl Justi describe esta galería como un “Walhalla español[2].”

La victoria española en Breda ocurrió en el año 1624, durante la Guerra de Treinta Años, que España todavía estaba persiguiendo cuando Velázquez pintaba la obra.  Los Países Bajos habían declarado el protestantismo y se habían rebelado contra el Imperio Español.  Breda fue una ciudad de alta importancia estratégica en Flandes que rindió a los españoles después de cuatro meses de asedio y sin muchas muertes.  El general victorioso, el italiano Ambrosio de Spínola, mostró respeto sin precedente para los perdedores, dejándolos marcharse de la ciudad con sus armas.  Para la entrega oficial de las llaves de Breda a España, el representante de los holandeses fue Justino de Nassau, hermano del gran general Moritz quien murió durante el sitio.  Cuando él quiso arrodillarse ante Spínola, el general no lo permitió y en lugar de esto lo saludó como amigo e igual.  Fue una acción tan rara y una victoria tan gloriosa que los españoles la convirtieron en un fenómeno popular[3].

En la escena central de La Rendición de Breda, Justino se inclina hacia abajo mientras ofrece a Spínola las llaves a la ciudad, mientras el italiano pone la mano en el hombro del holandés para pararlo y saludarlo.  En la expresión de Justino hay dolor y humildad, en la expresión de Spínola, calidez y generosidad de espíritu.  Como en otros cuadros[4], Velázquez ha capturado la magia del momento.  Este cuadro no solamente existe para conmemorar una victoria española; también celebra un momento de humanidad y amistad en el medio de una guerra terrible.

Esta obra está pintada por óleo sobre lienzo, ya el formato dominante para la pintura desde el siglo XVII[5].  Los pintores flamencos originaron el óleo y trasmitió la técnica a España.  Es más duro que tempera y es más fácil para quitar que la cal y agua usado en el fresco.  Un pintor hace un cuadro de óleo con múltiples capas, y sobre los siglos las primeras pueden desaparecerse y revelar arrepentimientos.  Hay una lanza diagonal en La rendición de Breda, al lado derecho, que parece así.  El lienzo es más ligero y menos vulnerable a fracturar por agua que la tabla.  Se puede mover una pintura de lienzo, algo obviamente imposible con el fresco.  La herramienta más común para pintar es el pincel, con tipos diferentes para crear efectos distintos con sus pinceladas – ligeras, gruesas, largas, cortas, etcétera.

Como todos los pintores de la época, Velázquez hacía sus propios colores, y Las lanzas demuestra claramente el efecto del viaje a Italia sobre la paleta del maestro español.  Las obras de su época sevillana son muy parecidas al naturalismo tenebrista de José de Ribera, incluyendo la luz orientada y blanca, el claroscuro y los colores oscuros y pardos[6]Las lanzas parece llegar de un mundo diferente: contiene muchos verdes, azules y una luz más difundida que cae en los españoles, especialmente Spínola, sin crear un efecto claroscuro.  Usa colores cálidos para las caras de la gente y varía las complexiones e iluminación para cada una[7].

Velázquez fue un pintor barroco, y podemos ver los rasgos del estilo en este cuadro.  Un principio es la complejidad entre el equilibrio, y esta obra es un ejemplo magistral de esto.  La escena clave está justamente al centro, y todo lo demás difunde de este punto en niveles concéntricos, añadiendo interés, complejidad y atracción sin distraer de lo más importante.

La rendición de Breda, como todos los cuadros en su serie, pone al comandante y a los soldados victoriosos en el primer plano y deja la batalla al fondo[8].  En el centro, flanqueado por tropas holandesas a la izquierda y españolas a la derecha, están los dos generales.  Velázquez ha usado algunas técnicas interesantes para atraer la mirada hacia los generales: hay caballos de un robusto marrón en posiciones invertidas, actuando como vallas entre los generales y las tropas[9].  Los comandantes llevan armaduras mucho más intrincadas que las otras figuras.  Spínola lleva una banda roja, símbolo de la realeza.  La luz se enfoca en ellos principalmente.  Finalmente, Velázquez guarda sus azules más brillantes para el fondo detrás de las llaves para que sean visibles y el ojo esté atraído a ellas naturalmente.  El pintor las representa muy finamente, como una pieza de naturaleza muerta[10].

Las otras figuras en el primer plano se extienden y envuelven a los generales como un aspa[11].  No sólo varían las teces y la iluminación de las caras en el cuadro, sino también sus expresiones y miradas.  Todos dirigen sus caras hacia un lugar diferente, como en El Entierro del Conde de Orgáz de El Greco.  Así la obra mantiene interés después de que el ojo del espectador haya salido de la escena central.  De especial interés son el soldado holandés a la izquierda extrema y el caballero español con bigote que miran directamente al espectador, incluyéndolo en la escena.  Además interesa el soldado español al lado izquierdo del caballo, cuya mirada se parece un reflejo de la del animal.

Para aumentar la distancia percibida entre el primer plano y los demás, Velázquez emplea sus verdes y azules y una luz más blanca y fría para el fondo.  En el segundo plano, visible detrás de los comandantes y las llaves, hay un desfile de otro grupo de tropas españolas, destacado por su ropa azul y sus lanzas, que parecen blancas por la distancia.  Más allá, en el tercer plano, está el paisaje Flandes y las ruinas del campo de batalla.  Todavía humean los fuegos en varios sitios.  Se puede ver a soldados y banderas y además muchas pequeñas fortalezas y trincheras.  Hay un gran lago blanco que era usado para riego, y además, estos detalles son fieles a la historia, impresionantes para un cuadro hecho diez años después de la rendición.  Tan fiel es el cuadro a la geografía real que la ciudad de Breda no es visible.  Atrás de todo, está un cielo profundo, más brillante que usual porque el cuadro retrata la mañana[12].  (La mayoría del cielo fue añadido después para conformar la obra con su espacio arquitectónico.)

Como la pintura es propaganda para el Rey, y como los holandeses son los vencidos de la batalla, Velázquez emplea otras técnicas interesantes para diminuirlos en la obra.  Aunque hay ocho holandeses atrás de Justino, parecen ser muchos menos porque dan las espaldas al espectador o están envueltos en la sombra.  Tienen lanzas, pero hay mucho menos de ellas que de los españoles.  Por otro lado, los españoles están iluminados, con sus rasgos visibles.  Su armadura parece mejor y ellos parecen más finos y fuertes que los holandeses.  Hay una bandera de azul y verde que separa atrapa el espectador.  Especialmente por las famosas lanzas, visibles en el primer y el segundo plano.  Para los españoles, el bosque de lanzas rígidamente verticales fue símbolo de su disciplina[13].  (Hablaremos de las lanzas no verticales luego.)  Sugiere el crítico Norbert Wolf que estas armas impresionantes dan fuerza especial a la magnanimidad de Spínola[14].

Otros rasgos barrocos son el movimiento y la tensión.  El movimiento entre los comandantes en la escena principal es clave al tema de la obra.  Es sugerido además por el caballo bronceando, los soldados inquietos y mirando por todos lugares, el desfile en el segundo plano y el caos natural en el fondo.  Las lanzas diagonales expresan la tensión genialmente.  Aunque veinticinco lanzas están rectas, cuatro se inclinan hacia la derecha, lo suficiente para ser notables.  En mi opinión, son estas lanzas diagonales las que atrapan al espectador, tanto que subtitulan el cuadro.

Para trivialidades interesantes, tenemos estas: el caballero al lado derecho, mirando al espectador, es Don Pedro de Berberana y Aparregui, ya retratado por Velázquez en 1631-32[15].  En Las lanzas se ve más recio, especialmente por su barba y bigote sucio, y además lleva una mirada de orgullo.  El hombre a la extrema derecha, detrás del caballo y de la bandera, es un supuesto autorretrato de Velázquez.  Justi conjetura que el anciano tras Spínola, apoyado en un bastón, es el barón Arenbergh, quien perdió su pierna durante el sitio y tendría especial interés en la rendición por esta desgracia[16].  Hay una hoja de papel en la piedra en el suelo de la derecha del primer plano.  Es un homenaje a El Greco, quien usara esta táctica en sus cuadros históricos.  La hoja en esta obra no tiene firma, un señal que Velázquez es tan impresionante y distinto que sus contemporáneos que no necesita firmar sus obras.

En el palacio real de Versalles hay un corredor que retrata las grandes victorias del ejército francés.   En todos aparecen los generales victoriosos, a caballo y sin ninguna lesión.  Los perdedores siempre son muertos u olvidados.  ¿Y dónde estaba la pintura de Napoleón vencido en Waterloo?  Todavía La rendición de Breda es más memorable y más inspiradora que ningunas de estas.  Según una obra de teatro escrita pocos años después de la victoria, cuando Spínola se abrazó con Justino, dijo: “La valentía del vencido es el honor del vencedor[17].”  No obstante, sin la genialidad de Velázquez, el pueblo se olvidaría de esta magnanimidad después de la guerra.  Es el artista obrador que ha preservado la memoria del general aristocrático.

Bibliografía

Abrantes, Ricardo; Fernández, Araceli; Manzarbeitia, Santiago.  Arte español para extranjeros.  San Sebastián: Nerea, 1999.

Justi, Carl.  Velázquez y su siglo.  Madrid: Istmo, 1999.

“Mirar un Cuadro: La Rendición de Breda o Las Lanzas.”  Sitio de la red del Museo del Prado.  <http://museoprado.mcu.es/cuadro_octubre_2001.html&gt;.

“Oil Painting.”  Wikipedia.  <http://en.wikipedia.org/wiki/Oil_painting&gt;.

Wolf, Norbert.  Velázquez.  Taschen: Madrid, 2000.


[1] Abrantes 173

[2] Justi 322-324; Wolf 47

[3] Justi 322-331 para todo el parágrafo

[4] Abrantes 172

[5] “Oil Painting.”

[6] Abrantes 169, 171

[7] Justi 334

[8] Wolf 47

[9] Mirar

[10] Abrantes 169

[11] Abrantes 174

[12] Justi 333, Wolf 50 para todo el parágrafo

[13] Justi 333

[14] Wolf 50

[15] Wolf 50

[16] Justi 332

[17] Justi 333

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