Análisis de la constitución española

Análisis de la constitución española

Uno de los mayores placeres de mi estancia en España ha sido la oportunidad de aprender su política.  Aunque ella y los Estados Unidos son ambos países occidentales, son culturalmente distintos y sus constituciones reflejan esto, también.  España vive en una situación única: el país es antiguo, pero la mayoría de sus habitantes actuales son mayores que su propia Constitución, pues es un documento vivo y actualizado en una manera que la constitución estadounidense no lo es, y las polémicas durante su redacción todavía son relevantes hoy.  En este trabajo, intento comparar la Constitución Española de 1978 con la Constitución de los Estados Unidos, especialmente con respecto a su base histórica, los derechos, la división de poderes, el federalismo y la economía.  Finalmente, describiré los efectos de la Constitución y los rasgos de la cultura política en España que me parecen destacables.

Bases históricas

En mi opinión, la cuestión más preocupante para el proyecto democrático en España es la historia y cultura del país: ha sido políticamente y religiosamente absolutista por la mayoría de los últimos quinientos años, y sus repúblicas previas han caído por golpes militares.  Aunque Fernando el Católico devolvió el poder a sus territorios durante su reino, también expulsó a los musulmanes y a los judíos del país en 1492.  Los reyes siguientes crearon la Inquisición para proteger la unidad religiosa nacional.  Carlos V y los Habsburgo reinaron como absolutistas, y este fue el deseo del Borbón Fernando VII también.  La burguesía fue más débil en España que en otros países, pues el país se caracterizó por la dominación de los ricos nobles sobre los pobres.  En las colonias, España estableció el mismo latifundismo y forzó a los indígenas a trabajar en sus haciendas.  Dos generales distintos, Antonio Primo de Rivera y Francisco Franco, derrocaron repúblicas para establecer estados militares.  La Constitución de 1978 fue escrita para establecer un nuevo gobierno después de 37 años de fascismo franquista.  Como dice Miguel Herrero de Miñon, doctor de Derecho y portavoz pasado del Partido Popular, es su “primera Constitución realmente normativa.  Esto es, la que no se limita a enunciados retóricos ni a describir o camuflar situaciones de poder…[1]

Por ejemplo, consideremos la Constitución de Cádiz de 1812, la más liberal de su historia, escrita durante la ocupación napoleónica de España[2].  Admite que el poder del rey surge del pueblo (Artículo 3), ya una idea de Thomas Hobbes doscientos años antes.  Establece que “el objeto del Gobierno es la felicidad de la Nación” (A13).  Hay igualdad entre los hombres, también (pero no para las mujeres) (A5).  Aun así, dice que Dios es supremo legislador de la sociedad (Preámbulo).  Incluye Latinoamérica como territorio del país español (A10).  El catolicismo es la religión del estado y se prohíbe el ejercicio de otras (A12).  El Rey es el poder ejecutivo (A16).  Él y sus cortes son el legislativo (A15).  A pesar de todo esto, Fernando VII quiso ignorar la constitución y ser absolutista durante su reino.

Por el contrario, los Estados Unidos procedieron de la tradición inglesa, una de los más pluralistas de Europa.  Los nobles habían limitado el poder del rey desde la Carta Magna, y ya en 1688, el Parlamento quitó al Rey Jaime II y puso a Guillermo III y María II en el trono[3].  Los Estados Unidos fueron aún más libres.  Se rebelaron contra el Rey de Inglaterra por sus “abusos y usurpaciones” y establecieron su propio país[4].  Fueron inicialmente una confederación, pero tuvieron que escribir su constitución de 1789 porque su gobierno original fue demasiado pequeño.

Los creadores de la constitución estadounidense fueron minimalistas: pensaron que su constitución estableciera los únicos poderes del gobierno federal.  La constitución contiene sólo 24 artículos, y sus 27 enmiendas son más largas en suma que el documento original.  Por el contrario, la Constitución de España de 1978 contiene 169 artículos.  Además, mientras los derechos individuales están establecidos en los EEUU por enmiendas, porque los socios fundadores no pensaban que el gobierno jamás los pondría en ellos, están establecidos en el primer capítulo de la constitución española, significando que su protección del estado es la preocupación mayor de sus socios fundadores.

Otro proceso clave durante la escritura de una constitución es la negociación.  En los Estados Unidos hubo dos desacuerdos graves entre los autores de la Constitución: los estados pequeños querían protegerse de la tiranía de los estados grandes, y los estados meridionales querían proteger la esclavitud mientras contaban sus esclavos como ciudadanos para la distribución de escaños en el Congreso.  Para resolver el primer problema, los americanos se distribuían escaños en la cámara baja por población y en la cámara alta igualmente entre los estados (A1, S2-3).  Trató el segundo indirectamente: permite los estados del sur a detener a los esclavos fugitivos en otros estados (A4-S2) y prohíbe el intercambio de esclavos después de 1808 (A1-S9).  Para la representación electoral, contaban cada esclavo como 3/5 de una persona (A1-S2).

La constitución española fue escrita por gente con diferencias aún mayores.  Hubo franquistas, comunistas, socialistas, regionalistas…muchos de los antifranquistas fueron agravados por la opresión que recibían durante la dictadura, pero creían que los franquistas querían trabajar de buena fe con ellos para preservar lo mejor de franquismo y liberalizar lo demás[5].  Por eso la constitución española es una obra brillante de negociación aunque a veces tiene la estampa de algo no cumplido.  Unas veces, deja muchas leyes y detalles para el futuro.  Otras veces, intenta dar algo a cada partido y se pierde continuidad.

Los derechos

A mí, un americano, muchos de los derechos reclamados en la constitución española no nos parecen revolucionarios, pero para una gente que había vivido bajo una dictadura, sí lo fueron.  Por ejemplo, el catolicismo fue la religión oficial y la única tolerada por los Reyes Católicos, los Habsburgo, los Borbon y Franco, pero la Constitución de 1978 establece España como un estado secular[6].  Algunos ejemplos de derechos en ambos documentos son la igualdad ante la ley[7], la libertad de habla[8], y el habeas corpus[9].

Otra ventaja de una constitución nueva es que puede tratar cuestiones constitucionales que las anteriores no pudieron porque la polémica no había existido entonces.  Por ejemplo, la constitución española protege el derecho de los obreros para formar sindicatos[10], ya resolviendo una cuestión que causaba mucha polémica en los EEUU durante los siglos XIX y XX y en España durante el franquismo.

Hay dos visiones de derechos en los Estados Unidos: la de Locke, amparado en la Constitución, que garantiza los derechos a la vida, la libertad, y la propiedad, y la de Franklin Roosevelt, que reclama que además seres humanos tienen el derecho a libertad de miedo y de necesidad.  Estos segundos derechos no están en ningún lugar de la Constitución, son la base de las leyes de bienestar del siglo XX.  La primera visión límite la acción del estado, mientras la segunda visión exige la acción del estado.

La Constitución Española sigue la visión de Roosevelt.  Por ejemplo, muchos artículos garantizan el derecho y el acceso a diferentes tipos de educación gratuita (27, 43, 44, 46, 51), promete pensiones para los viejos (50), apoyo para inválidos (49), y Seguro Social para todos (41).  Crea la base del sistema nacional de salud (15, 43).  Además, promete la participación de la juventud en el desarrollo de su pueblo (48).  Hay el derecho a “honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen” (18) y al matrimonio entre hombre y mujer (32).  Esto me recuerda la “Gran Sociedad” del Presidente Lyndon Johnson en los años 60.

Interesantemente, después de esta serie de derechos está el artículo 53, que dice que los oficiales del gobierno pueden regular los derechos si estas reglas respetan la esencia del documento.  Es una invitación para muchos dolores de cabeza legales y en mi opinión es una introducción de los franquistas por su afición al orden.  No obstante, pienso que es necesario por esta razón: es una salvaguardia contra los que usan sus derechos para quitar los derechos de los demás, como un hombre que usa su “libertad de expresión” para destruir una obra de arte con graffiti, y contra las demandas absurdas contra el estado, como un hombre que va a la escuela por cuarenta años y demanda que el gobierno lo apoye.

La división de poderes

La presencia del rey[11] es la gran distinción simbólica entre las políticas de España y los Estados Unidos.  Cuando los americanos se separaron del gobierno inglés, se separaron de su rey, también, y la constitución prohíbe el establecimiento de nobleza en el país (A1-Sección 9).  El sistema español me recuerda la teoría del contrato social de Edmund Burke: el acuerdo no es simplemente entre los ciudadanos vivos; incluye los antepasados y los ciudadanos del futuro también, en una comunidad que se extiende hacia la eternidad en ambas direcciones[12].  El Rey de España provee al país un vínculo tradicional y emocional con todos los reyes y gobiernos de sus antepasados sin los riesgos de los monarcas pasados.  Convoca y aprueba todo que ocurre en el gobierno, y es el representante internacional de España, pero en práctica Juan Carlos ha actuado como testaferro.  No sabemos que ocurriría en una lucha de poder real contra el gobierno elegido.

No obstante, realmente los dos países siguen el clásico sistema tripartito.  Tienen legislaturas bicamarales para hacer leyes[13], un ramo ejecutivo con un presidente que ejecuta las leyes[14], y un poder judicial independiente que interpreta las leyes[15].  Estos son los contrapesos estadounidenses: los ramos son elegidos separadamente, pues pueden venir de diferentes partidos.  El Presidente puede hacer un veto a las leyes, y una mayoría de 2/3 en las dos cámaras lo invalidaría (A1-S7). Si el presidente comete crímenes, el Congreso puede retirarlo de oficio por el proceso de destitución.

Esta es la novedad española: el Congreso español elige el Presidente, quien entonces selecciona a su Gobierno (A99), pues los poderes legislativo y ejecutivo son casi unitarios.  El Gobierno español puede desarrollar y proponer sus propios proyectos de ley (87), un poder que el Presidente estadounidense sólo tiene informalmente.  El Presidente ya existe por la gracia del Congreso, y el Congreso también puede rechazar sus programas y quitarlo con un voto de censura (113).  El Presidente, por otro lado, puede disolver el Congreso y convocar nuevas elecciones (115).

El poder judicial tiene un papel semejante en los ambos países: probar la constitucionalidad de las leyes.  En los EEUU, los jueces son nombrados por el Presidente y aprobados por una cámara del Congreso, y sus mandatos son de por vida (A2-S2, A3-S1).  Si cometen crímenes, el Congreso puede retirarlos de oficio por el proceso de destitución.  En España hay dos etapas de selección: los jueces eligen 12 miembros y el Congreso 8 a un Consejo Judicial, y este elige los miembros del Tribunal Supremo (A122-123), pues los jueces son mayoritariamente elegidos por sí mismo, pero tienen mandatos de sólo 9 años[16].  Es interesante que no haya una relación entre el poder ejecutivo y el poder judicial en el modelo español.

El federalismo

Ya sabemos que entramos en una zona de ambigüedad en el segundo artículo de la Constitución Española:

La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas. (A2)

El siguiente artículo tiene el mismo conflicto: establece el castellano como lengua oficial del país pero permite más lenguas oficiales en las Comunidades Autónomas.  Dice el socio fundador Gabriel Cisneros Laborda de este conflicto:

Sabíamos todo eso, el Título VIII [lo que trata de Comunidades Autónomas] es como es y tiene la prosa y la sintaxis atormentadas que tiene, cuajado de los ‘sin perjuicio,’ compromisos apócrifos, equilibrios inverosímiles y una profusión casi lujuriosa de anacolutos. (19)

Para los españoles, el desafío fue satisfacer a los nacionalistas catalanes y vascos sin darles mayores derechos de autonomía que las otras regiones del país.  Por eso el Título VIII no menciona ninguna región específica; simplemente describe el proceso para hacerse Comunidad Autónoma (A143, 146-7, 151-2) y explica numerosos poderes y limitaciones de ellos (A144-5, 148-9).  Claro que estas especificaciones no fueron bastantes específicas porque el debate sobre el Título VIII continúa hoy.

Un contraste interesante es la décima Enmienda de la Constitución Estadounidense: “Los poderes no delegados a los Estados Unidos ni prohibidos para los estados individuales son reservados para los estados individuales el pueblo.”  Pues los EEUU se inclinan hacia la independencia de los estados y España a la unidad, particularmente por su lengua y bandera.  No obstante, hubo una gran polémica sobre los derechos regionales en los Estados Unidos, también, y procedía de uno de los dos desacuerdos originales: la esclavitud.  Tan polémico fue el debate nacional sobre esto que los estados meridionales quisieron independizarse y formar su propio país.  Según los estados, era su derecho por la Enmienda 10, pero el Presidente Lincoln no lo permitió y prosiguió la Guerra Civil (1861-1865) para devolver el Sur a la Unión.  En comparación a esto, los españoles han tratado sus peleas regionales mucho mejor que los americanos.

La economía

Los socios fundadores de los Estados Unidos morirían otra vez si leyeran la sección de la Constitución Española sobre la economía y la vida social.  Aunque el gobierno estadounidense es ahora más de lo socialista que parece en su constitución, no obstante el gobierno español reclama un montón de responsabilidad y privilegio para el estado.  El artículo 39 garantiza la libertad de la empresa en el mercado, pero inmediatamente después, en el artículo 40, el estado empieza a tomar su territorio.  Para entender la diferencia violenta entre los poderes de los dos estados, una comparación directa es lo más impactante.  Es otro ejemplo de cómo la visión de derechos de Franklin Roosevelt extiende la zona de acción del estado.  Cuando el gobierno tiene la responsabilidad para salvar a sus ciudadanos de miedo y necesidad, hay que actuar agresivamente en muchas áreas.

Estos son los derechos económicos del gobierno de los Estados Unidos según su constitución: cobrar impuestos a los ingresos[17], consumo, y aranceles, prestar dinero, regular los negocios con países extranjeros y entre los estados individuales, regular las quiebras, crear dinero, tener ejército, hacer los correos, luchar contra piratería, y regular la tierra federal (A1-S8).

Estos son los derechos económicos del gobierno de España según su constitución: poseer medios de comunicación (20), cobrar impuestos (31), prestar dinero (135), y además buscar el equilibrio de la renta, la estabilidad económica, el pleno empleo, la formación y readaptación profesional, la seguridad y higiene en el trabajo incluyendo el descanso necesario, la limitación de la jornada laboral, las vacaciones garantizadas, los centros cívicos adecuados (40), proteger los derechos de los trabajadores españoles en otros países (42), asegurar una vivienda “digna y adecuada” para todos, participar en el renacimiento urbanístico (47), proteger la salud y los intereses económicos de los consumidores, educarlos, y regular el comercio interior y la autorización de productos (51), regular los miembros de los “lobbies” (52), promover “eficazmente” la participación en la empresa y una sociedad cooperativa, incluyendo el acceso de los trabajadores a la propiedad de los medios de producción (129), atender “a la modernización y desarrollo de todos los sectores económicos y, en particular, de la agricultura, de la ganadería, de la pesca y de la artesanía, a fin de equiparar el nivel de vida de todos los españoles,” y dar tratamiento especial a las zonas montañosas (130), planear la actividad económica general para “atender a las necesidades colectivas, equilibrar y armonizar el desarrollo regional y sectorial y estimular el crecimiento de la renta y de la riqueza y su más justa distribución,” y crear los proyectos de planificación de acuerdo con las comunidades autónomas, sindicatos, y empresas (131).  La joya es esta frase: “toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general” (128).  Seguramente la revolución socialista no cayó con el muro de Berlín.

Pero en justicia a España, su sistema no es radicalmente diferente de lo de Estados Unidos, que también tienen departamentos ejecutivos para Agricultura, Comercio, Educación, y Salud.  Los americanos simplemente los han creado extraconstitucionalmente.  Los días en que la Constitución establecía sólo los límites del gobierno federal han terminado definitivamente.  Ahora una acción estatal es inconstitucional sólo si viola el documento explícitamente.

Observaciones personales de los efectos de la Constitución española

Ahora, como Tocqueville, voy a cerrar mi obra sobre la democracia en España con mis experiencias personales con su política.  Mi mayor preocupación es la protección de la propiedad estatal de TVE.  En mi opinión, esta estación crea una atmósfera de miedo y dependencia en el estado.  Cada programa es lo mismo: para comenzar, Rajoy dice que no debemos hablar con terroristas, y Zapatero dice que sólo quiere la paz.  Después hay una serie de 8 historias consecutivas sobre todas las muertes, crímenes y desastres que están ocurriendo en España y en el mundo.  Durante puentes como este, no reporta cómo la gente va a disfrutar; habla de problemas de tráfico y del peligro de manejar en la lluvia.  Si hubo sólo un accidente de coche en todo el país, llegaría TVE para transmitir la tragedia, con video de la sangre y los cuerpos.  Después hay historias comprensivas sobre diferentes programas y campañas estatales que intentan resolver todos nuestros problemas.  Finalmente tenemos deportes y arte, siendo el entretenimiento la única parte de nuestra vida que puede funcionar sin el estado, y a veces científicos buscando el Príncipe de Asturias.  Si las telenoticias fueran mi realidad, creería que el mundo es horrible, los individuos son impotentes, y el estado es bueno.

Es útil para el gobierno este tipo de reportaje pero malo para la libertad.  También me da risa la diferencia entre las maneras en que TVE y Telemadrid reportan la política.  En debate, el hombre con la última palabra tiene la ventaja; en TVE, la última palabra va al PSOE, en Telemadrid al PP, sin tener en cuenta quién es el agresor y quién el defensor.  TVE es el líder de la televisión, y porque todos los otros canales siguen su modelo de hacer todo, opino que hay que privatizarlo para romper el ciclo de desesperación que es el tele-periodismo español.  Sí, las telenoticias americanas son tristes también, pero al menos hay historias de personas inspiradoras a veces.

Esto me recuerda otra práctica común de la política española: el anuncio público.  He oído “Madrid necesita más agua” tantas veces que el estado probablemente podría construir un centro de desalineación con el dinero que ha gastado en anuncios.  A pesar de todo, no empecé a cortar mi uso de agua antes de que el estado escribiera a nuestra casa y dijera que dispondría multas para quien más usa del agua.  Parece que la campaña de televisión procede de idealistas que piensan que los anuncios públicos cambian la conducta, las multas de los realistas que saben que la bolsa mueve todo.

He contado esta historia porque proyecta dudas sobre la habilidad del estado para cumplir sus promesas constitucionales de educar al público sobre la salud, promover la participación de la juventud en el desarrollo de su pueblo, etcétera.  Y si no hace esto, ¿cómo va a alcanzar sus objetivos de equilibrio de la renta, empleo pleno, y todo esto?  Cuando el estado promete todo, arriesga quedarse con una ciudadanía siempre enfadada e insatisfecha.

La ciudadanía no está totalmente muerta porque a los españoles les encanta manifestarse.  Ocurre mucho más aquí que en los Estados Unidos.  Aunque reunirse para demandar cosas del gobierno no es la manera más independiente de mejorar su vida, especialmente si se salta del trabajo para hacerlo, parece tener efecto en los políticos y alguna acción política es mejor que ninguna.  Me gusta que los españoles sepan y usen este recurso constitucional.

Entiendo el argumento desde tradición para tener un Rey, pero me preocupa el Príncipe de Asturias.  Durante el desfile militar del Día de la Hispanidad, mientras Juan Carlos se ponía firme por toda la ceremonia, Felipe estaba charlando con su esposa.  Quiere cambiar la ley para convertir a su hija en heredera antes de sus primos, pero nunca ofrece abdicar para sus hermanas mayores.  Es una cosa tener un Rey que respeta las tradiciones e inspira orgullo como Juan Carlos, y otra tener un joven enfurruñado e hipócrita.  Puede tener impacto negativo en el estado.  España puede juzgar esto dentro de veinte años.

El sistema electoral del país ha creado una cultura de elecciones distinta de la de los Estados Unidos.  En los EEUU hay elecciones para toda la cámara baja y una tercera de la cámara alta cada dos años (A1, S2-3).  Después de un año de gobierno, ya estamos en un año de elección en que el equilibrio de poder puede cambiar.  Sus iguales españoles sólo son elegidos cada cuatro años (A68).  Además, parece que no hay elecciones primarias aquí; los líderes de los partidos eligen sus propios sucesores.  Por eso los políticos estadounidenses parecen más frenéticos; tienen que disputar más elecciones, y por la diferencia entre primarias y generales, elecciones entre diferentes tipos de circunscripciones.  Ya en los Estados Unidos se hablan de las elecciones del ’08, y no he oído ninguna mención de este ciclo aquí en España.  Probablemente esto empuja los políticos estadounidenses a votar más para lo que piensan que el pueblo quiere, mientras los representantes españoles pueden votar más por sus preferencias personales.  Hay ventajas para ambas.

De los políticos actuales de España no hay mucho que decir porque en mis cinco meses aquí, sólo han hablado Zapatero y Rajoy de dos cosas: el Estatuto Catalán y ETA.  Parecen hablar más que hacer, que es probablemente bueno porque un político que hace mucho puede hacer mucho daño.  Los trabajadores reales de Madrid parecen ser el Alcalde y la Presidenta de la Comunidad.  Dos proyectos de ley se han destacado durante mi estancia: (1) la prohibición de modelos “demasiadas delgadas” en la Cibeles para no promover la anorexia entre las jóvenes y (2) la decisión de regalar los mismos beneficios que los trabajadores estatales reciben a los trabajadores independientes.  Para mí las dos son locuras, pero son posibles en España por los múltiples permisos constitucionales que el gobierno recibe para intervenir en la economía.

Cuando fue escrita la Constitución, la Iglesia Católica fue asociada fuertemente con el estado y Franco.  No parece ser el caso ahora.  Sí, los obispos aparecen en las noticias ahora, pero la iglesia y el estado están separados, tanto que el estado puede permitir el matrimonio gay ahora.  La separación hecha en la Constitución ha logrado que ahora haya una situación parecida a la americana.

No sé si es producto de la Constitución o la cultura política en general, pero no parece haber una voz para el gobierno mínimo y la libertad individual en el gobierno.  No oigo la retórica ni de pérdida de dinero, ni de ineficiencia estatal, ni de ningunas ideas de los conservadores americanos.  Ya la Constitución española garantiza mucho que es antitético al conservatismo.  Mientras las leyes están afuera de la Constitución, pueden ser abrogadas por mayoría a menos.  Quizás este movimiento ideológico no sea posible en este país, un efecto interesante de su constitución.

La Constitución española, como la Constitución estadounidense, nunca menciona la posibilidad de ceder alguna soberanía a una organización internacional.  No es sorprendente en el caso de los Estados Unidos, porque sus fundadores preferían el aislamiento internacional[18].  Todavía no ceden los EEUU soberanía en ninguna de sus organizaciones.  Para los españoles de 1978, sí es extraño.  Quizás quisieran quedarse neutrales y libres de peligro en la Guerra Fría.  No obstante, España ahora es parte de la ONU, de la OTAN, y aún más importante, de la UE, donde cede su soberanía económica para el beneficio de todos.  Además, España aprobó la Constitución Europea para extender los poderes de la unión mientras Francia lo rechazó.  El país ibérico ha pasado de una posición neutral a ser un participante ávido en los acuerdos internacionales.

Hasta ahora la mayoría de mis observaciones no han sido positivas, y esto no es justo con España.  Hay cosas como el Metro que el estado ha hecho bien, y el papel del estado en la economía claramente no lo ha hecho mal porque el país ha crecido muchísimo en los últimos 30 años.  La Constitución de España no me ha proveído un ejemplo brillante de cómo reformar los EEUU, pero ha añadido profundidad a mi pensamiento político.  Enhorabuena a España por organizar un estado con tanto éxito como este.

Bibliografía

Burke, Edmund.  Reflections on the Revolution in France.  <http://www.constitution.org/eb/rev_fran.htm&gt;

Constitución de Cádiz de 1812.  <http://club.telepolis.com/erbez/1812.htm&gt;.

Constitution of 4 October 1958 [Francia]. <http://www.assemblee-nationale.fr/english/8ab.asp&gt;.

The Declaration of Independence.  <http://www.usconstitution.net/declar.html&gt;.

Farewell Address of George Washington.  <http://www.yale.edu/lawweb/avalon/washing.htm&gt;.

Laborda; Iribarne; et al.  20 años después: La Constitución cara al siglo XXI.  Taurus: Madrid, 1998.

López Guerra, Luis, ed.  Constitución española.  13ª edición.  Editorial Tecnos: Madrid, 2004.

The United Status Constitution.  <http://www.usconstitution.net/const.html&gt;.

Vicens Vives, J.  Aproximación de la historia de España.  Ediciones Vicens-Vives: Barcelona, 2003.


[1] Laborda 9

[2] Laborda 23

[3] Burke, Reflections on the Revolution in France

[4] The Declaration of Independence.

[5] Laborda 25-26

[6] Artículo 16 español

[7] Enmiendo 14 estadounidense, Artículo 14 español

[8] Enmiendo 1 estadounidense, Artículo 20 español

[9] Artículo 1 Sección 9 estadounidense, Artículo 17 español

[10] Artículo 7, el segundo derecho mencionado después del derecho a partidos políticos

[11] Título II

[12] Reflections on the Revolution in France.  P27 de 72, empieza “SOCIETY is indeed a contract…”

[13] Artículo 1 estadounidense, Título 3 español.

[14] Artículo 2 estadounidense, Título 4 español

[15] Artículo 3 estadounidense, Título 6 español

[16] El Tribunal Supremo español es muy parecido al Concilio Constitucional Francés, que contiene 9 miembros con mandatos de 9 años, 3 elegidos cada 3 años, 3 por el Presidente, 3 por la Asamblea Nacional, y 3 por el Senado.  El Concilio Constitucional tiene soberanía sobre cuestiones de constitucionalidad y las elecciones. (Constitución Francesa Artículos 56-63)

[17] Enmiendo XVI, ratificado en 1913, 124 años después del gobierno original

[18] Farewell Address of George Washington

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