Archive for December 2006

Before I die, Jack Johnson must cover this song

December 18, 2006

Jack Johnson needs to cover “Under The Sea” from The Little Mermaid. I was inside the underwater tunnels of the Valencia aquarium, fish swimming around me on three sides, and all of a sudden he was singing it inside my head. It was so perfect for him that I was tapping my feet to it for the next half hour.

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Análisis de la constitución española

December 15, 2006

Análisis de la constitución española

Uno de los mayores placeres de mi estancia en España ha sido la oportunidad de aprender su política.  Aunque ella y los Estados Unidos son ambos países occidentales, son culturalmente distintos y sus constituciones reflejan esto, también.  España vive en una situación única: el país es antiguo, pero la mayoría de sus habitantes actuales son mayores que su propia Constitución, pues es un documento vivo y actualizado en una manera que la constitución estadounidense no lo es, y las polémicas durante su redacción todavía son relevantes hoy.  En este trabajo, intento comparar la Constitución Española de 1978 con la Constitución de los Estados Unidos, especialmente con respecto a su base histórica, los derechos, la división de poderes, el federalismo y la economía.  Finalmente, describiré los efectos de la Constitución y los rasgos de la cultura política en España que me parecen destacables.

Bases históricas

En mi opinión, la cuestión más preocupante para el proyecto democrático en España es la historia y cultura del país: ha sido políticamente y religiosamente absolutista por la mayoría de los últimos quinientos años, y sus repúblicas previas han caído por golpes militares.  Aunque Fernando el Católico devolvió el poder a sus territorios durante su reino, también expulsó a los musulmanes y a los judíos del país en 1492.  Los reyes siguientes crearon la Inquisición para proteger la unidad religiosa nacional.  Carlos V y los Habsburgo reinaron como absolutistas, y este fue el deseo del Borbón Fernando VII también.  La burguesía fue más débil en España que en otros países, pues el país se caracterizó por la dominación de los ricos nobles sobre los pobres.  En las colonias, España estableció el mismo latifundismo y forzó a los indígenas a trabajar en sus haciendas.  Dos generales distintos, Antonio Primo de Rivera y Francisco Franco, derrocaron repúblicas para establecer estados militares.  La Constitución de 1978 fue escrita para establecer un nuevo gobierno después de 37 años de fascismo franquista.  Como dice Miguel Herrero de Miñon, doctor de Derecho y portavoz pasado del Partido Popular, es su “primera Constitución realmente normativa.  Esto es, la que no se limita a enunciados retóricos ni a describir o camuflar situaciones de poder…[1]

Por ejemplo, consideremos la Constitución de Cádiz de 1812, la más liberal de su historia, escrita durante la ocupación napoleónica de España[2].  Admite que el poder del rey surge del pueblo (Artículo 3), ya una idea de Thomas Hobbes doscientos años antes.  Establece que “el objeto del Gobierno es la felicidad de la Nación” (A13).  Hay igualdad entre los hombres, también (pero no para las mujeres) (A5).  Aun así, dice que Dios es supremo legislador de la sociedad (Preámbulo).  Incluye Latinoamérica como territorio del país español (A10).  El catolicismo es la religión del estado y se prohíbe el ejercicio de otras (A12).  El Rey es el poder ejecutivo (A16).  Él y sus cortes son el legislativo (A15).  A pesar de todo esto, Fernando VII quiso ignorar la constitución y ser absolutista durante su reino.

Por el contrario, los Estados Unidos procedieron de la tradición inglesa, una de los más pluralistas de Europa.  Los nobles habían limitado el poder del rey desde la Carta Magna, y ya en 1688, el Parlamento quitó al Rey Jaime II y puso a Guillermo III y María II en el trono[3].  Los Estados Unidos fueron aún más libres.  Se rebelaron contra el Rey de Inglaterra por sus “abusos y usurpaciones” y establecieron su propio país[4].  Fueron inicialmente una confederación, pero tuvieron que escribir su constitución de 1789 porque su gobierno original fue demasiado pequeño.

Los creadores de la constitución estadounidense fueron minimalistas: pensaron que su constitución estableciera los únicos poderes del gobierno federal.  La constitución contiene sólo 24 artículos, y sus 27 enmiendas son más largas en suma que el documento original.  Por el contrario, la Constitución de España de 1978 contiene 169 artículos.  Además, mientras los derechos individuales están establecidos en los EEUU por enmiendas, porque los socios fundadores no pensaban que el gobierno jamás los pondría en ellos, están establecidos en el primer capítulo de la constitución española, significando que su protección del estado es la preocupación mayor de sus socios fundadores.

Otro proceso clave durante la escritura de una constitución es la negociación.  En los Estados Unidos hubo dos desacuerdos graves entre los autores de la Constitución: los estados pequeños querían protegerse de la tiranía de los estados grandes, y los estados meridionales querían proteger la esclavitud mientras contaban sus esclavos como ciudadanos para la distribución de escaños en el Congreso.  Para resolver el primer problema, los americanos se distribuían escaños en la cámara baja por población y en la cámara alta igualmente entre los estados (A1, S2-3).  Trató el segundo indirectamente: permite los estados del sur a detener a los esclavos fugitivos en otros estados (A4-S2) y prohíbe el intercambio de esclavos después de 1808 (A1-S9).  Para la representación electoral, contaban cada esclavo como 3/5 de una persona (A1-S2).

La constitución española fue escrita por gente con diferencias aún mayores.  Hubo franquistas, comunistas, socialistas, regionalistas…muchos de los antifranquistas fueron agravados por la opresión que recibían durante la dictadura, pero creían que los franquistas querían trabajar de buena fe con ellos para preservar lo mejor de franquismo y liberalizar lo demás[5].  Por eso la constitución española es una obra brillante de negociación aunque a veces tiene la estampa de algo no cumplido.  Unas veces, deja muchas leyes y detalles para el futuro.  Otras veces, intenta dar algo a cada partido y se pierde continuidad.

Los derechos

A mí, un americano, muchos de los derechos reclamados en la constitución española no nos parecen revolucionarios, pero para una gente que había vivido bajo una dictadura, sí lo fueron.  Por ejemplo, el catolicismo fue la religión oficial y la única tolerada por los Reyes Católicos, los Habsburgo, los Borbon y Franco, pero la Constitución de 1978 establece España como un estado secular[6].  Algunos ejemplos de derechos en ambos documentos son la igualdad ante la ley[7], la libertad de habla[8], y el habeas corpus[9].

Otra ventaja de una constitución nueva es que puede tratar cuestiones constitucionales que las anteriores no pudieron porque la polémica no había existido entonces.  Por ejemplo, la constitución española protege el derecho de los obreros para formar sindicatos[10], ya resolviendo una cuestión que causaba mucha polémica en los EEUU durante los siglos XIX y XX y en España durante el franquismo.

Hay dos visiones de derechos en los Estados Unidos: la de Locke, amparado en la Constitución, que garantiza los derechos a la vida, la libertad, y la propiedad, y la de Franklin Roosevelt, que reclama que además seres humanos tienen el derecho a libertad de miedo y de necesidad.  Estos segundos derechos no están en ningún lugar de la Constitución, son la base de las leyes de bienestar del siglo XX.  La primera visión límite la acción del estado, mientras la segunda visión exige la acción del estado.

La Constitución Española sigue la visión de Roosevelt.  Por ejemplo, muchos artículos garantizan el derecho y el acceso a diferentes tipos de educación gratuita (27, 43, 44, 46, 51), promete pensiones para los viejos (50), apoyo para inválidos (49), y Seguro Social para todos (41).  Crea la base del sistema nacional de salud (15, 43).  Además, promete la participación de la juventud en el desarrollo de su pueblo (48).  Hay el derecho a “honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen” (18) y al matrimonio entre hombre y mujer (32).  Esto me recuerda la “Gran Sociedad” del Presidente Lyndon Johnson en los años 60.

Interesantemente, después de esta serie de derechos está el artículo 53, que dice que los oficiales del gobierno pueden regular los derechos si estas reglas respetan la esencia del documento.  Es una invitación para muchos dolores de cabeza legales y en mi opinión es una introducción de los franquistas por su afición al orden.  No obstante, pienso que es necesario por esta razón: es una salvaguardia contra los que usan sus derechos para quitar los derechos de los demás, como un hombre que usa su “libertad de expresión” para destruir una obra de arte con graffiti, y contra las demandas absurdas contra el estado, como un hombre que va a la escuela por cuarenta años y demanda que el gobierno lo apoye.

La división de poderes

La presencia del rey[11] es la gran distinción simbólica entre las políticas de España y los Estados Unidos.  Cuando los americanos se separaron del gobierno inglés, se separaron de su rey, también, y la constitución prohíbe el establecimiento de nobleza en el país (A1-Sección 9).  El sistema español me recuerda la teoría del contrato social de Edmund Burke: el acuerdo no es simplemente entre los ciudadanos vivos; incluye los antepasados y los ciudadanos del futuro también, en una comunidad que se extiende hacia la eternidad en ambas direcciones[12].  El Rey de España provee al país un vínculo tradicional y emocional con todos los reyes y gobiernos de sus antepasados sin los riesgos de los monarcas pasados.  Convoca y aprueba todo que ocurre en el gobierno, y es el representante internacional de España, pero en práctica Juan Carlos ha actuado como testaferro.  No sabemos que ocurriría en una lucha de poder real contra el gobierno elegido.

No obstante, realmente los dos países siguen el clásico sistema tripartito.  Tienen legislaturas bicamarales para hacer leyes[13], un ramo ejecutivo con un presidente que ejecuta las leyes[14], y un poder judicial independiente que interpreta las leyes[15].  Estos son los contrapesos estadounidenses: los ramos son elegidos separadamente, pues pueden venir de diferentes partidos.  El Presidente puede hacer un veto a las leyes, y una mayoría de 2/3 en las dos cámaras lo invalidaría (A1-S7). Si el presidente comete crímenes, el Congreso puede retirarlo de oficio por el proceso de destitución.

Esta es la novedad española: el Congreso español elige el Presidente, quien entonces selecciona a su Gobierno (A99), pues los poderes legislativo y ejecutivo son casi unitarios.  El Gobierno español puede desarrollar y proponer sus propios proyectos de ley (87), un poder que el Presidente estadounidense sólo tiene informalmente.  El Presidente ya existe por la gracia del Congreso, y el Congreso también puede rechazar sus programas y quitarlo con un voto de censura (113).  El Presidente, por otro lado, puede disolver el Congreso y convocar nuevas elecciones (115).

El poder judicial tiene un papel semejante en los ambos países: probar la constitucionalidad de las leyes.  En los EEUU, los jueces son nombrados por el Presidente y aprobados por una cámara del Congreso, y sus mandatos son de por vida (A2-S2, A3-S1).  Si cometen crímenes, el Congreso puede retirarlos de oficio por el proceso de destitución.  En España hay dos etapas de selección: los jueces eligen 12 miembros y el Congreso 8 a un Consejo Judicial, y este elige los miembros del Tribunal Supremo (A122-123), pues los jueces son mayoritariamente elegidos por sí mismo, pero tienen mandatos de sólo 9 años[16].  Es interesante que no haya una relación entre el poder ejecutivo y el poder judicial en el modelo español.

El federalismo

Ya sabemos que entramos en una zona de ambigüedad en el segundo artículo de la Constitución Española:

La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas. (A2)

El siguiente artículo tiene el mismo conflicto: establece el castellano como lengua oficial del país pero permite más lenguas oficiales en las Comunidades Autónomas.  Dice el socio fundador Gabriel Cisneros Laborda de este conflicto:

Sabíamos todo eso, el Título VIII [lo que trata de Comunidades Autónomas] es como es y tiene la prosa y la sintaxis atormentadas que tiene, cuajado de los ‘sin perjuicio,’ compromisos apócrifos, equilibrios inverosímiles y una profusión casi lujuriosa de anacolutos. (19)

Para los españoles, el desafío fue satisfacer a los nacionalistas catalanes y vascos sin darles mayores derechos de autonomía que las otras regiones del país.  Por eso el Título VIII no menciona ninguna región específica; simplemente describe el proceso para hacerse Comunidad Autónoma (A143, 146-7, 151-2) y explica numerosos poderes y limitaciones de ellos (A144-5, 148-9).  Claro que estas especificaciones no fueron bastantes específicas porque el debate sobre el Título VIII continúa hoy.

Un contraste interesante es la décima Enmienda de la Constitución Estadounidense: “Los poderes no delegados a los Estados Unidos ni prohibidos para los estados individuales son reservados para los estados individuales el pueblo.”  Pues los EEUU se inclinan hacia la independencia de los estados y España a la unidad, particularmente por su lengua y bandera.  No obstante, hubo una gran polémica sobre los derechos regionales en los Estados Unidos, también, y procedía de uno de los dos desacuerdos originales: la esclavitud.  Tan polémico fue el debate nacional sobre esto que los estados meridionales quisieron independizarse y formar su propio país.  Según los estados, era su derecho por la Enmienda 10, pero el Presidente Lincoln no lo permitió y prosiguió la Guerra Civil (1861-1865) para devolver el Sur a la Unión.  En comparación a esto, los españoles han tratado sus peleas regionales mucho mejor que los americanos.

La economía

Los socios fundadores de los Estados Unidos morirían otra vez si leyeran la sección de la Constitución Española sobre la economía y la vida social.  Aunque el gobierno estadounidense es ahora más de lo socialista que parece en su constitución, no obstante el gobierno español reclama un montón de responsabilidad y privilegio para el estado.  El artículo 39 garantiza la libertad de la empresa en el mercado, pero inmediatamente después, en el artículo 40, el estado empieza a tomar su territorio.  Para entender la diferencia violenta entre los poderes de los dos estados, una comparación directa es lo más impactante.  Es otro ejemplo de cómo la visión de derechos de Franklin Roosevelt extiende la zona de acción del estado.  Cuando el gobierno tiene la responsabilidad para salvar a sus ciudadanos de miedo y necesidad, hay que actuar agresivamente en muchas áreas.

Estos son los derechos económicos del gobierno de los Estados Unidos según su constitución: cobrar impuestos a los ingresos[17], consumo, y aranceles, prestar dinero, regular los negocios con países extranjeros y entre los estados individuales, regular las quiebras, crear dinero, tener ejército, hacer los correos, luchar contra piratería, y regular la tierra federal (A1-S8).

Estos son los derechos económicos del gobierno de España según su constitución: poseer medios de comunicación (20), cobrar impuestos (31), prestar dinero (135), y además buscar el equilibrio de la renta, la estabilidad económica, el pleno empleo, la formación y readaptación profesional, la seguridad y higiene en el trabajo incluyendo el descanso necesario, la limitación de la jornada laboral, las vacaciones garantizadas, los centros cívicos adecuados (40), proteger los derechos de los trabajadores españoles en otros países (42), asegurar una vivienda “digna y adecuada” para todos, participar en el renacimiento urbanístico (47), proteger la salud y los intereses económicos de los consumidores, educarlos, y regular el comercio interior y la autorización de productos (51), regular los miembros de los “lobbies” (52), promover “eficazmente” la participación en la empresa y una sociedad cooperativa, incluyendo el acceso de los trabajadores a la propiedad de los medios de producción (129), atender “a la modernización y desarrollo de todos los sectores económicos y, en particular, de la agricultura, de la ganadería, de la pesca y de la artesanía, a fin de equiparar el nivel de vida de todos los españoles,” y dar tratamiento especial a las zonas montañosas (130), planear la actividad económica general para “atender a las necesidades colectivas, equilibrar y armonizar el desarrollo regional y sectorial y estimular el crecimiento de la renta y de la riqueza y su más justa distribución,” y crear los proyectos de planificación de acuerdo con las comunidades autónomas, sindicatos, y empresas (131).  La joya es esta frase: “toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general” (128).  Seguramente la revolución socialista no cayó con el muro de Berlín.

Pero en justicia a España, su sistema no es radicalmente diferente de lo de Estados Unidos, que también tienen departamentos ejecutivos para Agricultura, Comercio, Educación, y Salud.  Los americanos simplemente los han creado extraconstitucionalmente.  Los días en que la Constitución establecía sólo los límites del gobierno federal han terminado definitivamente.  Ahora una acción estatal es inconstitucional sólo si viola el documento explícitamente.

Observaciones personales de los efectos de la Constitución española

Ahora, como Tocqueville, voy a cerrar mi obra sobre la democracia en España con mis experiencias personales con su política.  Mi mayor preocupación es la protección de la propiedad estatal de TVE.  En mi opinión, esta estación crea una atmósfera de miedo y dependencia en el estado.  Cada programa es lo mismo: para comenzar, Rajoy dice que no debemos hablar con terroristas, y Zapatero dice que sólo quiere la paz.  Después hay una serie de 8 historias consecutivas sobre todas las muertes, crímenes y desastres que están ocurriendo en España y en el mundo.  Durante puentes como este, no reporta cómo la gente va a disfrutar; habla de problemas de tráfico y del peligro de manejar en la lluvia.  Si hubo sólo un accidente de coche en todo el país, llegaría TVE para transmitir la tragedia, con video de la sangre y los cuerpos.  Después hay historias comprensivas sobre diferentes programas y campañas estatales que intentan resolver todos nuestros problemas.  Finalmente tenemos deportes y arte, siendo el entretenimiento la única parte de nuestra vida que puede funcionar sin el estado, y a veces científicos buscando el Príncipe de Asturias.  Si las telenoticias fueran mi realidad, creería que el mundo es horrible, los individuos son impotentes, y el estado es bueno.

Es útil para el gobierno este tipo de reportaje pero malo para la libertad.  También me da risa la diferencia entre las maneras en que TVE y Telemadrid reportan la política.  En debate, el hombre con la última palabra tiene la ventaja; en TVE, la última palabra va al PSOE, en Telemadrid al PP, sin tener en cuenta quién es el agresor y quién el defensor.  TVE es el líder de la televisión, y porque todos los otros canales siguen su modelo de hacer todo, opino que hay que privatizarlo para romper el ciclo de desesperación que es el tele-periodismo español.  Sí, las telenoticias americanas son tristes también, pero al menos hay historias de personas inspiradoras a veces.

Esto me recuerda otra práctica común de la política española: el anuncio público.  He oído “Madrid necesita más agua” tantas veces que el estado probablemente podría construir un centro de desalineación con el dinero que ha gastado en anuncios.  A pesar de todo, no empecé a cortar mi uso de agua antes de que el estado escribiera a nuestra casa y dijera que dispondría multas para quien más usa del agua.  Parece que la campaña de televisión procede de idealistas que piensan que los anuncios públicos cambian la conducta, las multas de los realistas que saben que la bolsa mueve todo.

He contado esta historia porque proyecta dudas sobre la habilidad del estado para cumplir sus promesas constitucionales de educar al público sobre la salud, promover la participación de la juventud en el desarrollo de su pueblo, etcétera.  Y si no hace esto, ¿cómo va a alcanzar sus objetivos de equilibrio de la renta, empleo pleno, y todo esto?  Cuando el estado promete todo, arriesga quedarse con una ciudadanía siempre enfadada e insatisfecha.

La ciudadanía no está totalmente muerta porque a los españoles les encanta manifestarse.  Ocurre mucho más aquí que en los Estados Unidos.  Aunque reunirse para demandar cosas del gobierno no es la manera más independiente de mejorar su vida, especialmente si se salta del trabajo para hacerlo, parece tener efecto en los políticos y alguna acción política es mejor que ninguna.  Me gusta que los españoles sepan y usen este recurso constitucional.

Entiendo el argumento desde tradición para tener un Rey, pero me preocupa el Príncipe de Asturias.  Durante el desfile militar del Día de la Hispanidad, mientras Juan Carlos se ponía firme por toda la ceremonia, Felipe estaba charlando con su esposa.  Quiere cambiar la ley para convertir a su hija en heredera antes de sus primos, pero nunca ofrece abdicar para sus hermanas mayores.  Es una cosa tener un Rey que respeta las tradiciones e inspira orgullo como Juan Carlos, y otra tener un joven enfurruñado e hipócrita.  Puede tener impacto negativo en el estado.  España puede juzgar esto dentro de veinte años.

El sistema electoral del país ha creado una cultura de elecciones distinta de la de los Estados Unidos.  En los EEUU hay elecciones para toda la cámara baja y una tercera de la cámara alta cada dos años (A1, S2-3).  Después de un año de gobierno, ya estamos en un año de elección en que el equilibrio de poder puede cambiar.  Sus iguales españoles sólo son elegidos cada cuatro años (A68).  Además, parece que no hay elecciones primarias aquí; los líderes de los partidos eligen sus propios sucesores.  Por eso los políticos estadounidenses parecen más frenéticos; tienen que disputar más elecciones, y por la diferencia entre primarias y generales, elecciones entre diferentes tipos de circunscripciones.  Ya en los Estados Unidos se hablan de las elecciones del ’08, y no he oído ninguna mención de este ciclo aquí en España.  Probablemente esto empuja los políticos estadounidenses a votar más para lo que piensan que el pueblo quiere, mientras los representantes españoles pueden votar más por sus preferencias personales.  Hay ventajas para ambas.

De los políticos actuales de España no hay mucho que decir porque en mis cinco meses aquí, sólo han hablado Zapatero y Rajoy de dos cosas: el Estatuto Catalán y ETA.  Parecen hablar más que hacer, que es probablemente bueno porque un político que hace mucho puede hacer mucho daño.  Los trabajadores reales de Madrid parecen ser el Alcalde y la Presidenta de la Comunidad.  Dos proyectos de ley se han destacado durante mi estancia: (1) la prohibición de modelos “demasiadas delgadas” en la Cibeles para no promover la anorexia entre las jóvenes y (2) la decisión de regalar los mismos beneficios que los trabajadores estatales reciben a los trabajadores independientes.  Para mí las dos son locuras, pero son posibles en España por los múltiples permisos constitucionales que el gobierno recibe para intervenir en la economía.

Cuando fue escrita la Constitución, la Iglesia Católica fue asociada fuertemente con el estado y Franco.  No parece ser el caso ahora.  Sí, los obispos aparecen en las noticias ahora, pero la iglesia y el estado están separados, tanto que el estado puede permitir el matrimonio gay ahora.  La separación hecha en la Constitución ha logrado que ahora haya una situación parecida a la americana.

No sé si es producto de la Constitución o la cultura política en general, pero no parece haber una voz para el gobierno mínimo y la libertad individual en el gobierno.  No oigo la retórica ni de pérdida de dinero, ni de ineficiencia estatal, ni de ningunas ideas de los conservadores americanos.  Ya la Constitución española garantiza mucho que es antitético al conservatismo.  Mientras las leyes están afuera de la Constitución, pueden ser abrogadas por mayoría a menos.  Quizás este movimiento ideológico no sea posible en este país, un efecto interesante de su constitución.

La Constitución española, como la Constitución estadounidense, nunca menciona la posibilidad de ceder alguna soberanía a una organización internacional.  No es sorprendente en el caso de los Estados Unidos, porque sus fundadores preferían el aislamiento internacional[18].  Todavía no ceden los EEUU soberanía en ninguna de sus organizaciones.  Para los españoles de 1978, sí es extraño.  Quizás quisieran quedarse neutrales y libres de peligro en la Guerra Fría.  No obstante, España ahora es parte de la ONU, de la OTAN, y aún más importante, de la UE, donde cede su soberanía económica para el beneficio de todos.  Además, España aprobó la Constitución Europea para extender los poderes de la unión mientras Francia lo rechazó.  El país ibérico ha pasado de una posición neutral a ser un participante ávido en los acuerdos internacionales.

Hasta ahora la mayoría de mis observaciones no han sido positivas, y esto no es justo con España.  Hay cosas como el Metro que el estado ha hecho bien, y el papel del estado en la economía claramente no lo ha hecho mal porque el país ha crecido muchísimo en los últimos 30 años.  La Constitución de España no me ha proveído un ejemplo brillante de cómo reformar los EEUU, pero ha añadido profundidad a mi pensamiento político.  Enhorabuena a España por organizar un estado con tanto éxito como este.

Bibliografía

Burke, Edmund.  Reflections on the Revolution in France.  <http://www.constitution.org/eb/rev_fran.htm&gt;

Constitución de Cádiz de 1812.  <http://club.telepolis.com/erbez/1812.htm&gt;.

Constitution of 4 October 1958 [Francia]. <http://www.assemblee-nationale.fr/english/8ab.asp&gt;.

The Declaration of Independence.  <http://www.usconstitution.net/declar.html&gt;.

Farewell Address of George Washington.  <http://www.yale.edu/lawweb/avalon/washing.htm&gt;.

Laborda; Iribarne; et al.  20 años después: La Constitución cara al siglo XXI.  Taurus: Madrid, 1998.

López Guerra, Luis, ed.  Constitución española.  13ª edición.  Editorial Tecnos: Madrid, 2004.

The United Status Constitution.  <http://www.usconstitution.net/const.html&gt;.

Vicens Vives, J.  Aproximación de la historia de España.  Ediciones Vicens-Vives: Barcelona, 2003.


[1] Laborda 9

[2] Laborda 23

[3] Burke, Reflections on the Revolution in France

[4] The Declaration of Independence.

[5] Laborda 25-26

[6] Artículo 16 español

[7] Enmiendo 14 estadounidense, Artículo 14 español

[8] Enmiendo 1 estadounidense, Artículo 20 español

[9] Artículo 1 Sección 9 estadounidense, Artículo 17 español

[10] Artículo 7, el segundo derecho mencionado después del derecho a partidos políticos

[11] Título II

[12] Reflections on the Revolution in France.  P27 de 72, empieza “SOCIETY is indeed a contract…”

[13] Artículo 1 estadounidense, Título 3 español.

[14] Artículo 2 estadounidense, Título 4 español

[15] Artículo 3 estadounidense, Título 6 español

[16] El Tribunal Supremo español es muy parecido al Concilio Constitucional Francés, que contiene 9 miembros con mandatos de 9 años, 3 elegidos cada 3 años, 3 por el Presidente, 3 por la Asamblea Nacional, y 3 por el Senado.  El Concilio Constitucional tiene soberanía sobre cuestiones de constitucionalidad y las elecciones. (Constitución Francesa Artículos 56-63)

[17] Enmiendo XVI, ratificado en 1913, 124 años después del gobierno original

[18] Farewell Address of George Washington

Analysis of the Spanish Constitution

December 15, 2006

I originally wrote this in Spanish.  I translated it into English to submit to a campus political journal.

Analysis of the Spanish Constitution

One of the greatest pleasures of my stay in Spain has been the opportunity to learn about its politics.  Although she and the United States are both Western nations, they are culturally distinct, and their constitutions reflect that, as well.  Spain lives in a unique situation: the nation is ancient, but the majority of its current citizens are older than their own constitution, so it is a living document in a way the American constitution isn’t, and the issues which were controversial during its writing are still relevant today.  In this paper, I will compare the Spanish Constitution of 1978 with the Constitution of the United States, especially with respect to its historical context, human rights, separation of powers, federalism, and the economy.  Finally, I will describe the effects of the Spanish Constitution and notable facets of Spanish political culture.

Historical Context

In my opinion, the biggest quandary for Spanish democracy is the history and culture of the country: it has been politically and religiously absolutist for most of the last five hundred years, and its previous republics have succumbed to military coups.  Although King Ferdinand II of Aragon devolved power to the territories during his reign, he also expelled the Muslims and Jews from the country in 1492.  His successors created the Inquisition in order to protect national religious unity.  Carlos V and the Hapsburgs reigned like absolutists, and the Bourbon King Ferdinand VII wished to do so, as well.  The bourgeoisie were weaker in Spain than in its European neighbors, the rich nobles’ domination of the poor is one of the country’s defining characteristics.  En the colonies, Spain established the same plantation system and forced the indigenous to work in their haciendas.  Two different generals, Antonio Primo de Rivera and Francisco Franco, overthrew republics to establish military states.  The Constitution of 1978 was written to establish a new government after thirty-seven years of Francoist fascism.  Says Miguel Herrero de Miñon, doctor of law and former spokesman of the Partido Popular, it is the “first truly normative Constitution.  That is, it is not limited to rhetorical statements, nor does it describe or camouflage situations of power…[1]

For example, consider the Constitution of Cádiz.  Written in 1812 during the Napoleonic occupation of Spain, it was the most liberal constitution in the nation’s history[2].  It admits that the power of the King comes from the people (Article 3), an idea Thomas Hobbes had already proposed two hundred years before.  It established that “the purpose of the government is the happiness of the Nation” (A13).  There is also equality among men (though not between men and women) (A5).  Even so, it says that God is the supreme legislator of society (Preamble).  It classifies Latin America as a Spanish territory (A10).  Catholicism is the religion of the state, and the exercise of others is forbidden (A12).  The King is the executive (A16).  He and the courts are the legislature (A15).  Despite all this, Ferdinand VII sought to ignore this constitution and rule as an absolute monarch during his reign.

On the contrary, the United States hailed from the English tradition, one of the most pluralist in Europe.  The nobles had limited the power of the King since the Magna Carta, and by 1688, Parliament removed James II from the throne and elevated William and Mary in his place[3].  The United States was even more free.  The Americans rebelled against the King of England for his “abuses and usurpations” and established their own country[4].  The original government was a confederation, but the Americans had to write a new constitution in 1789 because this state was too small.

The creators of the American Constitution were minimalists: they thought their powers delineated in their charter would be the only ones the state would have.  The Constitution contains only twenty-four articles, and its twenty-seven amendments require more pages than the original document.  On the contrary, the Spanish Constitution of 1978 contains 169 articles.  Also, while individual rights are protected in the United States by amendments (the Founding Fathers considered them so self-evident the Constitution did not need them), they are established in the first chapter of the Spanish Constitution, signifying that their protection was the highest priority of the Spanish founders.

Negotiation is an important process during the writing of a constitution.  In the United States, there were two main disagreements between the authors of the Constitution: the small states wanted to protect themselves against tyranny from the large states, and the southern states wanted to protect the institution of slavery while also counting their slaves toward the proportional distribution of seats in Congress.  To resolve the first problem, the Americans distributed seats in the lower house by population and in the upper house equally among the states (A1, S2-3).  They dealt with the second indirectly: Southern states were permitted to track down their fugitive slaves in other states (A4-S2), but the sale of slaves was prohibited after 1808 (A1-S9).  For electoral representation, each slave was counted as 3/5 of a person (A1-S2).

The Spanish Constitution was written by parties with much greater differences.  There were Francoists, communists, socialists, regionalists… Many of the anti-Francoists were upset about their oppression under the dictatorships, but they believed the Francoists were working in good faith with them to preserve the best of Francoism and to liberalize the rest[5].  For this reason, the Spanish Constitution is a brilliant work of negotiation, although it is also an incomplete one.  Sometimes, laws and details are left to be resolved in the future.  Other times, the constitution tries to give something to everyone, so it loses continuity.

Rights

To me, an American, many of the rights claimed in the Spanish Constitution do not seem revolutionary, but for the people who had lived under dictatorship, they were indeed.  For example, Catholicism was the official religion and the only one tolerated by Ferdinand and Isabella, the Hapsburgs, the Bourbons, and Franco, but the Constitution of 1978 establishes Spain as a secular state[6].  Some examples of rights guaranteed in both documents are equality under the law[7], freedom of speech[8], and habeas corpus[9].

Another advantage of a new constitution is its ability to resolve questions its antecedents could not because these problems hadn’t existed before.  For example, the Spanish Constitution protects the right of workers to unionize[10], resolving a matter that was very controversial in the United States during the 19th and 20th centuries and in Spain under Franco.

There are two visions of rights in the United States: that of Locke, supported in the Constitution, which guarantees the rights of life, liberty, and property, and that of Franklin Roosevelt, which claims that human beings also have the rights to freedom from fear and want.  These secondary rights are not mentioned in any part of the Constitution, but they are the basis of the 20th century welfare state.  The first vision limits the actions of the state while the second demands it to act.

The Spanish Constitution follows the vision of Roosevelt.  For instance, it guarantees access to different types of free education (Articles 27, 43, 44, 46, 51) and promises pensions to the elderly (50), support for the disabled (49), and Social Security for all (41).  It creates the basis for a national health system (15, 43).  Also, it promises the participation of the young in the development of the people (48).  There is a right to “honor, privacy, and one’s own image” and to matrimony between men and women (32).  This reminds me of the “Great Society” of President Lyndon Johnson in the 60s.

Interestingly, after a series of rights there is Article 53, which says that government officials can regulate rights if these rules respect the essence of the constitution.  This is an invitation for many legal headaches and in my opinion is an addition of the Francoists due to their love of order.  Regardless, I think it is necessary for this reason: it is a safeguard against those who use their rights to take away the rights of others, like a person who uses his “freedom of expression” to destroy a work of art with graffiti, and against absurd demands to the state, like a person who demands forty years of state-sponsored education.

Separation of Powers

The presence of a king[11] is a big symbolic difference between the politics of Spain and the United States.  When the Americans separated from the English government, they separated from its king, as well, and the Constitution prohibits the establishment of nobility in the country (A1-Sección 9).  The Spanish system reminds me of Edmund Burke’s theory of social contract: the agreement is not only between living citizens; it includes their ancestors and their descendants as well, in a community that extends towards eternity in both directions[12].  The King of Spain provides his country a traditional and emotional connection to all the kings and governments of the past without the risks of past monarchies.  He convokes and approves all government actions, and he is the international representative of Spain, but in practice, Juan Carlos has acted as a figurehead.  We don’t know what would occur in a serious power struggle between the royalty and the elected government.

Nevertheless, both countries really follow a classic tripartite system.  They have bicameral legislatures to make laws[13], an executive branch with a president to execute these laws[14], and an independent judiciary to interpret the laws[15].  These are the American checks and balances: the branches are elected separately, and they can come from different parties.  The president can veto laws, and a two-thirds majority of both congresses can overrule him (A1-S7).  If the president commits crimes, Congress can remove him from office through an impeachment process.

In Spain, Congress chooses the President, who then chooses a cabinet, but the legislative and executive powers are basically unitary.  The Government (or executive branch) can develop and propose laws (87), a power the American president only has informally.  The President holds power by the grace of Congress, and Congress can also reject his programs or remove him from office with a vote of censure (113).  The President, on the other hand, can dissolve Congress and call for new elections (115).

The judicial branch has a similar role in both countries: it decides the constitutionality of the laws.  In the United States, the judges are named by the President and approved by the upper house of Congress, and they serve life terms (A2-S2, A3-S1).  If they commit crimes, Congress can remove them from office by impeachment.  In Spain, there are two stages of selection: the judges elect twelve members and Congress eight to the Judicial Council, which elects the members of the Supreme Tribunal (A122-123).  So judges are largely self-selecting, but they only have nine-year terms[16].  It is interesating that there are no balances between the executive and judicial branches in the Spanish model.

Federalism

We already know that we have entered an area of ambiguity in the second article of the Spanish Constitution:

The Constitution is founded on the indissoluble unity of the Spanish Nation, indivisible fatherland of all Spaniards, and it recognizes and guarantees autonomy and solidarity for all nationalities and regions which it integrates. (A2)

The article continues to display the same conflict: it establishes Castilian as the official language of the country but permits more official languages between the Autonomous Communities.  Founding father Gabriel Cisneros Laborda says this abot the conflict:

We knew all this, that Title VIII [that which describes the Autonomous Communities] is what it is, and it has the tortured prose and syntax that is has, caught in its “without harm,” unauthentic promises, implausible balances, and an almost luxurious profusion of anacoluthons. (19)

The challenge for the Spanish was to satisfy the Catalan and Basque nationalists without giving them more autonomy than the other regions of the country.  So Title VIII does not mention any specific region; it simply describes the process to become an Autonomous Community (A143, 146-7, 151-2) and explains their numerous powers and limitations (A144-5, 148-9).  Clearly, these specifications were not enough, because the debate over Title VIII continues today.

An interesting contrast is the Tenth Amendment of the American Constitution: “The powers not delegated to the United States by the Constitution, nor prohibited by it to the States, are reserved to the States respectively, or to the people.”  So the United States is inclined toward the independence of the states and Spain toward their unity, particularly through the language and the flag.  Regardless, there was a grand argument over regional rights in the United States, as well, and it proceeded from one of the two original constitutional controversies: slavery.  So polemical was the national debate that the southern states attempted to declare their independence and form their own country.  According to the states, it was their right under the Tenth Amendment, but President Lincoln rejected that and fought the Civil War (1861-1865) to return the South to the Union.  In comparison to this, the Spanish have handled their regional rivalries much better than the Americans.

The Economy

The Founding Fathers of the United States would turn in their graves if they read the section of the Spanish Constitution about the economy and social life.  Although the American government is now more socialist than its constitution indicates, the Spanish government claims a mountain of responsibility and privilege for the state.  Article 39 guarantees the freedom of the press in the market, but immediately afterward, in Article 40, the state begins to size territory.  To understand the violent difference between the powers of the two governments, a direct comparison is best.  It is another example of how the vision of Franklin Roosevelt extends the power of the state.  When the government has the responsibility to save its citizens from fear and want, it has to act aggressively in many areas.

These are the economic rights of the American government according to its constitution: it can tax income[17], consumption, and customs, borrow money, regulate interstate and international trade, regulate bankruptcies, coin money, raise a standing army, have a Post Office, fight piracy, and regulate federal land (A1-S8).

These are the economic rights of the Spanish government according to its Constitution: possess communication media (20), raise taxes (31), borrow money (135), and also pursue rent equilibrium, economic stability, total employment, professional formation, security and hygiene at work, including mandatory rest periods, limitation of the labor week, and guaranteed vacation, provide adequate civic centers (40), protect the rights of Spanish workers in other countries (42), assure a “dignified and adequate” living for all, participate in urban renewal projects (47), protect the health and economic interests of consumers, educate them, and regulate commerce and product authorization (51), regulate lobbyists (52), “effectively” promote participation in business and a cooperative society, including workers’ access to property and means of production (129), attend to “the modernization and development of all economic sectors, particularly agriculture, ranching, fishing, and artisans, with the goal of equalizing the living standards of all Spaniards,” give special treatment to mountainous areas (130), plan general economic activity by “attending to collective needs, equilibrating and harmonizing regional and sectional development, and stimulating the growth of rent and wealth in a more just distribution,” create planning projects through agreement with Autonomous Communities, syndicates, and businesses (131).  The jewel is this phrase: “all the wealth of the nation in its distinct forms, whatever its ownership, is subordinate to the general interest” (128).  Surely the Socialist Revolution did not fall along with the Berlin Wall.

However, in fairness to Spain, its system is not radically different from that of the United States, which also has executive departments for Agriculture, Commerce, Education, and Health.  America has simply created such departments extra-constitutionally.  The days in which the Constitution established only the limits of the federal government are have definitively ended.  Now state action is unconstitutional only if it explicitly violates the document.

Personal Observations of the Effects of the Spanish Constitution

Now, like Tocqueville, I will close my work about democracy in Spain with my personal experiences with its politics.  My biggest worry is the nationalized television channel TVE.  In my opinion, this station creates an atmosphere of fear and dependence on the state.  Each program is the same: to begin with, Rajoy says we should not speak with the Basque terrorists, and Zapatero says he only wants peace.  After that, there is a series of eight consecutive stories about deaths, crimes, and disasters that are occurring in Spain and the world.  During vacations, TVE does not report about how people will celebrate; it speaks of traffic problems and the dangers of driving in the rain.  If there were only one car accident in the entire country, TVE would come to broadcast the tragedy, with video of the blood and the corpses.  Afterward, there are comprehensive stories about different state programs and campaigns which intend to solve all our problems.  Finally, we have sports and art, the only parts of our lives that can function without the state, and at times scientists seeking the Prince of Asturias’s research award.  If I though the television news presented reality, I would believe the world is horrible, individuals are impotent, and the state is good.

This kind of journalism is useful for the government but bad for liberty.  I also laugh about the different manners in which TVE and Telemadrid report on politics.  In a debate, the man with the last word has the advantage.  On TVE, the last word always goes to the Socialists, and on Telemadrid to the Partido Popular, regardless of who is the attacking a policy and who is defending it.  TVE is the leader of television, and because all the other channels follow its model to make everything, I believe it must be privatized in order to break the cycle of desperation that is Spanish television journalism.  Yes, the American news is sad as well, but at least it shows inspirational stories sometimes.

This reminds me of another common practice of Spanish politics: the public address.  I have heard “Madrid needs more water” so many times that the state probably could construct a desalination plant with the money it has spent on advertisements.  Despite all this, I did not begin to curtail my water use until the state wrote our house and said it would fine us if we continued apace.  It seems the television campaign proceeds from the idealists who think public announcements change conduct, the fines from realists who know the purse moves everything.

I have told this story because it projects doubt about the ability of the state to fulfill its constitutional promises to educate the public about health, to promote youth participation in the development of the community, and so forth.  And if it doesn’t do these, how is it going to achieve objectives like rent equilibrium, full employment, and so forth?  When the state promises so much, it risks creating a perpetually angry and dissatisfied citizenry.

Citizenship isn’t totally dead: the Spanish love to protest.  They use this right much more than we do in the United States.  Although banding together to demand things from the government is not the most independent way to improve one’s life, especially if one skips work to do so, it seems to effect the politicians, and some action is better than none.  I am pleased that Spaniards understand and use this constitutional resource.

I understand the argument from tradition for having a king, but I am worried about the Prince of Asturias.  During the military parade of the Día de Hispanidad holiday, while Juan Carlos stood at attention for the entire ceremony, Felipe was joking with his wife.  He wants to change the primogeniture law in order to make his infant daughter second in line to the throne, before her older cousins, but he has never offered to abdicate his position as heir to his older sisters.  It’s one thing to have a king like Juan Carlos who respects traditions and inspires pride, but it’s another to have a sulky and hypocritical youth as a leader.  He could hurt the state.  Spain will decide on this within the next twenty years.

The electoral system of the country has created a different culture of elections than that of the United States.  In the U.S., there are elections for the entire lower house and a third of the upper house every two years (A1, S2-3).  After one year of government, we are already one year from our next opportunity to change the balance of power.  Members of the Spanish lower house, however, are elected every four years (A68).  Also, it seems there are not primary elections here; the leaders of the parties choose their own successors instead.  For this reason, American politicians seem more frenetic; they have to face more elections, and they need distinct qualities to survive both the primary and general elections.  In the fall of 2006, American pundits were already discussing the 2008 elections, but I have not heard a single mention of this cycle here in Spain.  This probably pushes American politicians to vote more for what they think the public wants while the Spanish representatives can vote more for their personal preferences.  There are advantages to both strategies.

There isn’t much to say about the current Spanish politicians because in my five months in the country, Zapatero and Rajoy only debate two things: the Catalan Statute and ETA.  They seem to speak more than they do, and it is probably good because a politician can do much good, but he can do even more damage.  The true laborers in Madrid seem to be the mayor and the president of the Autonomous Community.  Two laws which passed during my stay were especially distinctive: (1) the prohibition of models who were “too thin” from the Cibeles fashion show in order to discourage anorexia among youths and (2) the decision to extend the benefits that state workers receive to independent contractors.  For me, both laws are crazy, but they are possible in Spain because of the multiple rights the government has to intervene in the economy.

When the Constitution was written, the Catholic Church was strongly associated with the state and Franco.  This does not seem to be the case now.  Yes, the bishops appear in the news now, but the church and state are separate, so much so that the state now permits gay marriage.  The separation pioneered in the Constitution has succeeded, and now the religious climate is similar to America’s.

I do not know if this is a product of the Constitution or the political culture, but there does not seem to be an advocate for minimalist government and individual liberty in the government.  I hear neither stories about state inefficiencies and monetary waste nor any of the ideas of American conservatives.  Indeed, the Spanish Constitution guarantees much that is antithetical to conservatism.  While laws exist outside the Constitution, they can be abrogated by a majority or less.  Perhaps the movement of Reagan is not possible in this country, an interesting effect of the constitution’s control over political culture.

The Spanish Constitution, like the American Constitution, never mentions the possibility of ceding sovereignty to an international organization.  It is not surprising in the case of the United States, where the founders preferred isolationism[18].   The U.S. still does not cede sovereignty to any organizations.  For the Spaniards of 1978, international involvement is strange as well.  Perhaps they wanted to stay neutral and free of trouble during the Cold War.  Regardless, Spain is now a member of the UN, NATO, and most importantly, the EU, where it cedes its economic sovereignty for the good of all.  Also, whereas France rejected the European Constitution, Spain approved this effort to extend the powers of the union.  This Iberian country as abandoned a neutral position to be an avid participant in international agreements.

Until now, the majority of my observations have not been positive, and this is not just to Spain.  Things like the Metro are well-made state products, and the role of the state in the economy clearly has not spoiled things: the country has grown very much in the last thirty years.  The Spanish Constitution has not provided me a brilliant example for how to reform the U.S., but it has added depth to my political thought.  Congratulations to Spain for organizing such a successful state.

Works Cited

Burke, Edmund.  Reflections on the Revolution in France.  <http://www.constitution.org/eb/rev_fran.htm&gt;

Constitución de Cádiz de 1812.  <http://club.telepolis.com/erbez/1812.htm&gt;.

Constitution of 4 October 1958 [Francia]. <http://www.assemblee-nationale.fr/english/8ab.asp&gt;.

The Declaration of Independence.  <http://www.usconstitution.net/declar.html&gt;.

Farewell Address of George Washington.  <http://www.yale.edu/lawweb/avalon/washing.htm&gt;.

Laborda; Iribarne; et al.  20 años después: La Constitución cara al siglo XXI.  Taurus: Madrid, 1998.

López Guerra, Luis, ed.  Constitución española.  13ª edición.  Editorial Tecnos: Madrid, 2004.

The United Status Constitution.  <http://www.usconstitution.net/const.html&gt;.

Vicens Vives, J.  Aproximación de la historia de España.  Ediciones Vicens-Vives: Barcelona, 2003.


[1] Laborda 9

[2] Laborda 23

[3] Burke, Reflections on the Revolution in France

[4] The Declaration of Independence.

[5] Laborda 25-26

[6] Spanish Article 20

[7] American 14th Amendment, Spanish Article 14

[8] American 1st Amendment, Spanish Article 20

[9] American Article 1 Section 9, Spanish Article 17

[10] Spanish Article 7, the second right mentioned after the right to political parties

[11] Title 2

[12] Reflections on the Revolution in France.  P27-72, begins “SOCIETY is indeed a contract…”

[13] Amreican Article 1, Spanish Title 3.

[14] American Article 2, Spanish Title 4

[15] American Article 3, Spanish Title 6

[16] The Spanish Supreme Tribunal is very similar to the French Constitutional Council, which has 9 members with mandates of 9 years, 3 elected every 3 years.  Three members are selected by the President, three by the National Assembly, and 3 by the Senate.  The Constitutional Council has sovereignty over questions of constitutionality and elections.  (French Constitution Articles 56-63)

[17] American 16th Amendment, ratified in 1913, 124 years after the original Constitution

[18] Farewell Address of George Washington

El pesimismo político de Unamuno y Azorín

December 15, 2006

Miguel de Unamuno y José Martínez Ruiz, o “Azorín,” eran entre los escritores más políticamente activos de su generación.  Antes de la conversión de Martínez Ruiz al conservatismo, fueron partidarios: Unamuno socialista, Martínez Ruiz anarquista, pero los dos en contra de su España contemporánea, sus injusticias, y sus autoridades (Brown 18, 22).  Desgraciadamente, España continuó su declive durante esta época: como escribe el hispanista Gerald Brown, “la intolerable injusticia social que había provocado violentas protestas y brutales represiones en la última década del siglo XIX no decreció en el nuevo siglo…mientras una guerra impopular, inútil y con frecuencia desastrosa se prolongaba interminablemente en Marruecos” (17-18).  Parece que la participación política de Unamuno y Martínez Ruiz los empujara al pesimismo, incluso con respecto a sus propias filosofías.  Ni es esta desesperación simplemente una etapa, porque la vemos en sus novelas por un periodo de 30 años: La Voluntad (1902) por Martínez Ruiz y Niebla (1914) y San Manuel Bueno, mártir (1933) por Unamuno.  En estas obras, no tienen ni el pueblo ni los revolucionarios la capacidad para cambiar la situación desesperada de España.

La “Castilla miserable” no es sólo una creación de Machado; también es retratada por Unamuno y Martínez Ruiz.  El Valverde de Lucerna de San Manuel Bueno es una “aldea perdida como un broche entre el lago y la montaña que se mira a él” (64), pobre y parroquial.  Lázaro, el revolucionario recientemente llegado de América, la llama feudal y añade algo que probablemente fue un lema durante el tiempo de Unamuno: “los curas manejan a las mujeres y las mujeres a los hombres” (77).  No obstante, a sus miembros les encanta la vida rural y antigua; ellos no quieren moverse a la ciudad ni cambiar su manera de vida ni agitarse contra las autoridades.  Las “diatribas” activistas de Lázaro caen en saco roto (78).

Yecle, la ciudad natal de Azorín (un personaje distinto de Martínez Ruiz) en La Voluntad, ha intentado preservar todo en el mismo estado para siglos: monta una catedral durante el siglo XIX en la misma manera de los obreros de la Edad Media y celebra servicios allá que son iguales a los de sus antepasados desde hace 2500 años (57-60).  Trágicamente, porque Yecla ha elegido este destino para tantos años mientras el resto del mundo cambió, ahora su destino está fuera de su control.  El país está hundido en una crisis agrícola por la filoxera y los precios bajísimos de vino[1] (279-280, 288).  Sólo los estúpidos son granjeros, pues los campos sufren.  Los educados son demasiados ociosos para hacer trabajo realmente beneficioso (291-292).  Otro pueblo, Pinoso, lleno con obradores energéticos, está prosperando, superando Yecla, y comprando sus propiedades.

Los políticos de Yecla no van a salvarlos; porque la gente nunca se elige a pensadores originales, los líderes no se pueden concebir nuevas ideas para resolver los errores de los antepasados.  Ocurren elecciones durante la novela, y el pueblo selecciona como diputado, “como siempre [énfasis mío], un hombre frívolo, mecánico, automático, que sonríe, que estrecha manos, que hace promesas, que pronuncia discursos…” (110).  Sus “intelectuales” no van a salvarlos; los inventores, como los educados, son demasiados perezosos para estudiar rigurosamente.  En su busca para la solución rápida, el pueblo glorifica a los inventores que intentan crear cosas increíbles aunque no tengan base práctica; inevitablemente fallen (123-128, 154-157).

“La vida de los pueblos…es una vida vulgar…es el vulgarismo de la vida.  Es una vida más clara, más larga, más dolorosa que la de las grandes ciudades.  El peligro de la vida del pueblo que se siente uno vivir…que es el tormento más terrible” (96).  Predice Martínez Ruiz que cada año que empeoran las vidas de los campesinos, ellos se ponen más brutales, y pierden su fe por la propaganda de la época.  Finalmente vendrán a las ciudades ya infestadas “por el alcoholismo, por la sífilis y por la ociosidad” y las calles ensangrentarán (280).  ¿Quién puede salvar a estos hombres miserables?  Según Unamuno y Martínez Ruiz, ya pesimistas por sus años de activismo fallecido, nadie.  En estos tres libros, los pensadores originales, los líderes y revolucionarios potenciales, son locos, desinteresados, o desesperanzados.

El “loco” del grupo es Fermín, el tío de Eugenia en Niebla.  Es el único personaje que habla de la política en un libro que trata casi exclusivamente cuestiones personales.  No simplemente opina; tiene que relacionar toda en su vida con su política.  Para cada acontecimiento del cortejo entre Augusto y Eugenia, Fermín añade un comentario sobre cómo relaciona con su anarquismo amado.  Por ejemplo, cuando Eugenia se da la mano a Augusto, Fermín ve este hecho personal como hecho político.  Los felicita no por su felicidad futura pero por decidirla sin medianeros.  No piensa que la autoridad es necesaria para consagrar el matrimonio y ya los considera maridos (236).

A pesar de su pasión, admite que su anarquismo es teórico y habla de sus convicciones más que las sigue.  Dice palabras floridas de cómo el sacrificio para el prójimo es el corazón del anarquismo, pero cuando su marida nota su impaciencia con las criadas que lo sirven la sopa, Fermín hace el excuso de que su anarquismo es teórico y todavía no ha llegado a la perfección (142-143).  Jamás parece salirse de casa para manifestaciones u otras reuniones con sus partidarios.

No obstante, es una táctica común de autores para esconder palabras de verdad entre las tonterías de locos – Shakespeare usaba el Payaso así en King Lear, por ejemplo – y Fermín no es una excepción.  Dice a Augusto, “…no echo bombas.  Mi anarquismo es puramente espiritual” (114).  Lo da otra nivel espiritual cuando llama a la gente que considera el anarquismo imposible, como su marida, “hombres de poca fe,” que es un estribillo común de Jesucristo[2].  Es interesante esto porque el Señor lo dice primariamente en dos contextos: para asegurar a los cristianos que no necesitan preocuparse para el futuro porque Dios los cuidará y para explicar cómo él hace cosas increíbles que otras no pueden hacer.  Pues esta cita me parece como una reprimenda tierna a los escépticos conservadores: el anarquismo (o el socialismo de Unamuno) no es simplemente un sueño; sí puede funcionar, pero sólo si lo se crea.  Hasta ahora nadie lo ha dado la oportunidad.

Otra visión que Unamuno nos transmite por Fermín es la del activismo político como una lucha quijotesca.  Insiste en deletrear el nombre de Eugenia fonéticamente (“Eujenia Domingo del Arko”) para que tenga sentido fonético, un hecho realmente insignificante y un poco irritante (126).  Después consolida todas sus preferencias culturales dentro de un movimiento, y no simplemente movimiento sino una guerra revolucionaria: “Anarquismo, esperantismo, vegetarianismo, foneticismo…¡todo es uno!  ¡Guerra a la autoridad!  ¡Guerra a la división de lenguas!  ¡Guerra a la vil materia y a la muerte!  ¡Guerra a la carne!  ¡Guerra a la hache!  ¡Adiós!” (126).  Fermín lucha contra todo en teoría sin ningún objetivo práctico, como un pirata borracho.  Quizás Unamuno se preocupe que su carrera haya sido lo mismo.

San Manuel Bueno, mártir es sorprendente por su rechazo de la ideología socialista que Unamuno había defendido durante toda su carrera.  El protagonista titular, el sacerdote de un pueblo pequeño, niega las reformas sociales.  Los socialistas alegaban que los curas lo harían porque fueran peones de la jerarquía rica y poderosa de la Iglesia o porque creyeran tanto en el paraíso después de muerte que no tuvieran ningún interés en ayudar a su pueblo durante esta vida.  Por contrario, Don Manuel rechaza los sindicatos para trabajadores porque cree que el único problema real de la humanidad, ricos y pobres ambos, es la falta de vida después de muerte (89-90).  Por eso nuestras vidas no tienen ningún sentido último.  Admite que la religión es opio, pero añade que necesitamos el opio para no despertarnos a la verdad terrible.

Los otros problemas de los seres humanos son transitorios; si se resuelven o no, la humanidad tiene la misma cuestión última.  Manuel quiere usar su tiempo en lo que es realmente importante.  Un proletariado con derechos y sin esperanza viviría tan miserablemente como si fueran esclavos.  Pues dice Don Manuel, “yo no conozco más sindicato que la Iglesia.”

Tan fuerte es el argumento de Don Manuel que convierte a Lázaro, quien “recuerda al joven Unamuno, militante socialista, interesado en soluciones concretas para resolver problemas sociales” según Joaquín Rubio Tovar, a su movimiento (77, 83).  ¿Quién sabe cuantos otros socialistas Don Manuel convirtió?  Dice mucho de la complejidad de pensamiento de Unamuno que no simplemente concibió, pero también escribió y publicó un libro que razona en contra de su activismo pasado.  Claramente sus dudas estaban muy fuertes en esta época.  En este contexto, el momento en que Ángela cuestiona su fe es un paralelismo de las dudas de Unamuno sobre su activismo, los dos llegando a la misma cuestión clave sin contestarla: “¿Y yo, yo creo?” (101).

Las dudas que Unamuno revela en las detalles de sus libros están en el primer plano de La Voluntad.  Tres de sus personajes, Yuste, Azorín, y El Anciano, son revolucionarios que faltan la voluntad para cambiar sus sueños en realidad, o a menos para luchar para ellos.  En adición, Martínez Ruiz introduce otros personajes que proyectan duda en los principios de su activismo.

Yuste está frustrado con la inexistencia del resurgimiento de España y expresa críticas fuertes que reflejan el pesimismo de Martínez Ruiz con relación a los revolucionarios: “yo veo como todos hablamos de regeneración…que todos queremos que España sea un pueblo culto y laborioso…pero no pasamos de estos deseos platónicos… ¡Hay que marchar!  Y no se marcha…los viejos son escépticos…los jóvenes no quieren ser románticos…” (86).  Según él, los románticos despreciaban el dinero, pero ahora la gente lo busca “a toda costa.”  Pues todo el mundo, incluso los políticos, prefiere enriquecerse a promulgar cambio real.  Yuste provee otra crítica del activismo social en la historia de Pedro, Juan, y Pablo.  Cada ciudadano tiene alguna parte específica del sistema que quiere proteger.  Luego cuando el tiempo llega para revolución, o nadie participará porque no querrán arriesgar su vaca sagrada o nada cambiará por respeto a cada preferencia (87-92).

Ya hemos oído las ideas de Yuste.  ¿Es este maestro el tipo que puede liderar la revolución?  No, indica Martínez Ruiz.  Es un pensador demasiado contradictorio: en su primer discurso de Capítulo V, dice que la propiedad es mal y hay que usar toda la fuerza necesaria para derribar el sistema actual y levantar otro.  Sólo treinta páginas después, en Capítulo XI, el maestro cambia su mente y defiende el pacifismo.  No sólo cita Tolstoi sino también Sócrates, quien propone en el Critón que nunca es justificado devolver mal por mal (116-118).  ¿No leyó Yuste el Critón hasta que diera su discurso pro-violencia?  ¿Cambió su posición sobre una cuestión fundamental para revolucionarios en meros días?  Parece que los principios de Yuste tengan una posición precaria dentro de su mente.  Es explicado así: él y su estudiante Azorín son “espíritus avanzados, progresivos, radicales, pero hay en ellos cierta inquietud, cierta desasosiego, cierta secreta reacción contra la idea fija[3]” (94-95).

Una razón más condenatoria contra el liderato de Yuste es que él es desesperanzado al fondo.  Cuando Azorín abandona su libro de Montaigne porque no le gusta su escepticismo y en vez de esto decide reunir con Yuste, el autor nota que es como “salir de un hoyo para caer en una fosa” (97).  Dice de sí mismo, “decididamente, yo soy un pobre hombre que vive olvidado de todos en un rincón de provincias; un pobre hombre sin fe, sin voluntad, sin entusiasmo” (119).  Muere desanimado tanto en su espíritu como en su cuerpo: mientras Puche simplemente culpaba la ciencia para la tristeza del hombre (67), Yuste condena el arte y aún la inteligencia como enemigos de la felicidad (180).

Es una muerte menos que inspiradora para un intelectual, y su discípulo Azorín también cae en la desesperanza.  Al comienzo de la historia, es “un espíritu avanzado y curioso” (94).  Defiende la revolución violenta contra el pacifismo de Yuste con la lógica que esperar y no hacer nada es como permitir el homicidio de un amigo por un criminal para no usar la fuerza en su defensa (118-119).

Desgraciadamente, tragedias personales dañan su espíritu: muere Yuste en desesperación, y la novia de Azorín, Justina, cede su voluntad a su mayor Puche y entra un convento.  Ya Azorín es una persona con media vida (184).  Seguidamente Justina se muere y Azorín se marcha a la capital, y esta ciudad roba lo que se queda de su idealismo:

En Madrid su pesimismo instintivo se ha consolidado; su voluntad ha acabado de disgregarse en este espectáculo de vanidades y miserias.  Ha sido periodista revolucionario, y ha visto á los revolucionarios en secreta y provechosa concordia con los explotadores.  Ha tenido lugar la humorada de escribir en periódicos reaccionarios, y ha visto que estos pobres reaccionarios tienen un horror invencible al arte y á la vida (195).

Ya no cree en nada; sólo critica la hipocresía de otros.  Toma posiciones profundamente antirrevolucionarios: que los mundos evolucionan “hacia la Nada,” en vez de hacia lo mejor (200), y abraza la Vuelta eternal de Nietzsche: las mismas cosas (y pues los mismos problemas) repetirán para siempre (221).  Acaba con el mismo espíritu agotado de Yuste; no tiene la voluntad de reformar ni siquiera el deseo para tener hijos y perpetuar la vida, que se considera vacía (229).  Se llama un fracaso (254).  Vuelve a Yecla, se casa con Iluminada, una chica local, y se convierte en campesino.  Martínez Ruiz lo compara a una muñeca de Iluminada durante su boda y esto se hace rutina; Azorín se pierde la vida haciendo nada excepcional (283, 288).

Martínez Ruiz entonces introduce a sí mismo en la novela para juzgar las caídas de Yuste y Azorín.  Este personaje considera Yecla parcialmente responsable para la tragedia; porque al pueblo le falta la voluntad, siempre empezando proyectas sin acabarlos por ejemplo, su medio ambiente ha corrompido las mentes de sus intelectuales (296-297).  Tienen grandes ideas pero les falta la energía para hacer las obras impresionantes, y acaban frustrados.

Por tanto, implica el autor, el salvador de España no puede porvenir de los pueblos arruinados porque la desesperanza allá arruina las mentes jóvenes y originales.  Es un mensaje espantoso porque ya ha dado prueba que el salvador no vendrá de la ciudad: es llena con corrupción moral, y además hay el ejemplo del Anciano[4] (195, 227).  Fue el padre del anarquismo español, muy bien educado, completamente dedicado a su causa, y un oficial poderoso en el gobierno español.  Durante las insurrecciones de 1873, según Martínez Ruiz, él tenía la oportunidad para derrocar el gobierno y establecer una república verdadera y no lo aprovechó.  Estaba plagado con remordimiento desde entonces (226-227).  ¿Si el hombre perfecto, con la oportunidad de su vida, no tuviera la voluntad para hacer la revolución, quien la tendría?

Martínez Ruiz duda que nadie en su generación tenga la voluntad.  Escribe que a la juventud le falta la fortaleza para remontarse sobre la adversidad (217).  Para él, el perdido Azorín es “casi un símbolo; sus perplejidades, sus ansias, sus desconsuelos bien pueden representar toda una generación sin voluntad, sin energía, indecisa, irresoluta, una generación que no tiene ni la audacia de la generación romántica, ni la fe de afirmar de la generación naturalista” (255).

Tan profundo es el pesimismo del autor que duda la calidad no sino de su generación sino de las ideales de la revolución:

Además, se ve en las viejas páginas cómo son ridículas muchas cosas que juzgábamos sublimes, cómo muchos de nuestros fervorosos entusiasmos son cómicas gesticulaciones, cómo han envejecido en diez ó doce años escritores, artistas, hombres de multitudes que creíamos fuertes y eternos (248).

Si las ideas brillantes de hace diez años ya son obsoletas, las ideas de más antes probablemente son aún más ridículas, y quizás no hayan verdades absolutas por todo tiempo.  Pues ¿para qué debamos rebelar?

Otro ataque viene de Enrique Olaiz[5], quien deconstruye los principios de la revolución (216).  Primeramente, derrumba los principios de la Democracia según la Revolución Francesa: es imposible tener Libertad e Igualdad al mismo tiempo porque los hombres son naturalmente iguales, y con ejercicio de la libertad la diferencia entre ellos aparecerá en poco tiempo (236).  La libertad total es asquerosa porque la gente la usaría para hacer cosas malas como prostitución; la igualdad y la fraternidad son simplemente imposibles.  Con democracia viene la tiranía de la mayoría ineducada sobre la minoría, una cosa repugnante que no basta para una raison d’etre (237).

El socialismo ya es dubitativo y desorientado porque la concentración de la propiedad en las manos de los pocos, necesario para la teoría de Marx, no ha ocurrido; por contrario, la propiedad ha difundido a más y más pequeños propietarios (238).  Los obradores nunca se someterán al colectivo; los más energéticos suelen ser los más individualistas (238-239).  Invierte el dogma de anarquismo para destruirlo: según los anarquistas, antes de la propiedad la humanidad fue buena e inocente como los animales.  Olaiz nos recuerda que hay animales feroces y brutales, también, y la historia indica que nos parecemos más como ellos.  Los seres humanos son lobos, no corderos (240).  Por lo demás, la ciencia y la tecnología traerán más libertad a la gente que la política, diminuyendo la necesidad para cualquiera esperada “revolución” (239).  Sin embargo, la ciencia es un salvador dubitable: los místicos como Puche reclaman que ella “contrista” a los seres humanos (67).

Termina La Voluntad con esta frase del personaje de Martínez Ruiz: “¡Y nada se pierde en la fecunda, en la eterna, en la inexorable evolución de las cosas!” (301).  Es un fin extraño, posiblemente irónico, por el tema dominante de la obra.  Ha mostrado el abatimiento del pueblo y la flojedad de las elites y no ha mostrado la solución.  Confía en la evolución mientras defiende la Vuelta eternal y no concibe un objetivo de qué podemos evolucionar.

En 1913, como parte de su respuesta al libro Castilla por Martínez Ruiz, Antonio Machado escribe:

¡Oh, tú, Azorín, escucha: España quiere

Surgir, brotar, toda una España empieza!

¿Y ha de helarse en la España que se muere?

¿Ha de ahogarse en la España que se bosteza?

Para salvar la nueva epifanía

Hay que acudir, ya es hora,

Con el hacha y el fuego al nuevo día.

Oye cantar los gallos de la aurora. (CXLIII)

Veinte años después, Unamuno publicó San Manuel Bueno, mártir; cinco años más tarde abrió la época de franquismo.  No surgiría la “nueva España” garantizada por Machado hasta 1978.  Por tanto el buen poeta equivocaba un poco.

Parece una contradicción que Machado viviera en “Castilla triste y noble,” con su pueblo arruinado, por tantos años y no perdiera su optimismo.  En mi opinión, siempre fue optimista para esta razón, o más precisamente, porque no vivía en el centro de la cultura española, ni en Madrid ni siquiera en Salamanca.  No fue una celebridad aguantada pero ignorada por las elites ignorantes como Unamuno fue.  No vio la corrupción de los políticos y de los revolucionarios en Madrid como Martínez Ruiz la vio.  Mientras Machado luchaba desde lejos, Unamuno y Martínez Ruiz estaban dentro de la batalla, y fallaron y fueron humillados una y otra vez.  Acabaron con el dudo y el pesimismo, y es tan visible en las obras apolíticas como Niebla como en las obras políticas como La Voluntad.  Unamuno murió tres años después de dar luz a Don Manuel; Martínez Ruiz murió muchos años después como un conservador militante alabado por Franco.

En una manera, hay más misericordia en esta vida para el perdedor de una guerra física que para el perdedor de una guerra mental.  Para el soldado, la lucha casi siempre termina dentro de diez años, y la muerte suele venir rápidamente por una bala o una espada.  Para el intelectual, la lucha suele continuar por toda su vida, y la muerte casi nunca viene tan rápidamente; en vez de esto sigue y sigue después de que no quiera pelear más.  Esto es el epitafio de Unamuno, del joven Martínez Ruiz, y de la Generación de 1898: guerreros desesperados pero tan brillantes en derrota como siempre.

Bibliografía

Azorín (J. Martínez Ruiz).  La Voluntad.  Castalia: Madrid, 1989.

Brown, G.G.  Historia de la Literatura Española: El Siglo XX.  Ariel: Barcelona, 1980.

Machado, Antonio.  Poesías completas.  Espasa-Calpe: Madrid, 1978.

Unamuno, Miguel.  Niebla.  Castalia: Madrid, 1995.

Unamuno, Miguel.  San Manuel Bueno, Martir.  Castalia: Madrid, 1987.


[1] Mientras Francia tenía la filoxera desde 1882-1892, España tenía un tratado de libre exportación de vino a Francia.  Dominó el mercado europeo; los precios fueron muy altos y por eso la mayoría de los campos se convirtieron para vino.  Después de la terminación del tratado, España estaba produciendo un excedente de vino y precios cayeron pronunciadamente, dejando los productores en pobreza.

[2] Mateo 6:30, 8:26, 14:31, 16:8, 17:20; Marcos 4:40; Lucas 12:28

[3] Quizás sea otra razón para el nacimiento muerto de la Revolución de 98: sin principios fijos, los revolucionarios no saben para qué rebelar.  Esta generación puede ser lo de los “rebeldes sin causa.”

[4] Representante de Pi y Margall.

[5] Representante de Pío Baroja.

La Rendición de Breda (Las Lanzas)

December 15, 2006

La rendición de Breda (Las lanzas) es una de las obras maestras de Diego Velázquez, quien es considerado por muchos el mejor pintor español.  Lo pintó en 1634-1635, al comienzo de su “segunda etapa madrileña” (1631-1649) cuando trabajó otra vez en la corte del Rey Felipe IV después de su viaje a Italia entre 1629 y 1631[1].  Esta obra es parte de una serie de doce pinturas que retratan las victorias militares de España bajo de Felipe IV.  La serie estaba planeada para la sala de trono en el Palacio del Retiro y correspondía a una serie de Zurbarán sobre las obras de Hércules, supuestamente para conectar el héroe griego con el Rey.  El hispanista Carl Justi describe esta galería como un “Walhalla español[2].”

La victoria española en Breda ocurrió en el año 1624, durante la Guerra de Treinta Años, que España todavía estaba persiguiendo cuando Velázquez pintaba la obra.  Los Países Bajos habían declarado el protestantismo y se habían rebelado contra el Imperio Español.  Breda fue una ciudad de alta importancia estratégica en Flandes que rindió a los españoles después de cuatro meses de asedio y sin muchas muertes.  El general victorioso, el italiano Ambrosio de Spínola, mostró respeto sin precedente para los perdedores, dejándolos marcharse de la ciudad con sus armas.  Para la entrega oficial de las llaves de Breda a España, el representante de los holandeses fue Justino de Nassau, hermano del gran general Moritz quien murió durante el sitio.  Cuando él quiso arrodillarse ante Spínola, el general no lo permitió y en lugar de esto lo saludó como amigo e igual.  Fue una acción tan rara y una victoria tan gloriosa que los españoles la convirtieron en un fenómeno popular[3].

En la escena central de La Rendición de Breda, Justino se inclina hacia abajo mientras ofrece a Spínola las llaves a la ciudad, mientras el italiano pone la mano en el hombro del holandés para pararlo y saludarlo.  En la expresión de Justino hay dolor y humildad, en la expresión de Spínola, calidez y generosidad de espíritu.  Como en otros cuadros[4], Velázquez ha capturado la magia del momento.  Este cuadro no solamente existe para conmemorar una victoria española; también celebra un momento de humanidad y amistad en el medio de una guerra terrible.

Esta obra está pintada por óleo sobre lienzo, ya el formato dominante para la pintura desde el siglo XVII[5].  Los pintores flamencos originaron el óleo y trasmitió la técnica a España.  Es más duro que tempera y es más fácil para quitar que la cal y agua usado en el fresco.  Un pintor hace un cuadro de óleo con múltiples capas, y sobre los siglos las primeras pueden desaparecerse y revelar arrepentimientos.  Hay una lanza diagonal en La rendición de Breda, al lado derecho, que parece así.  El lienzo es más ligero y menos vulnerable a fracturar por agua que la tabla.  Se puede mover una pintura de lienzo, algo obviamente imposible con el fresco.  La herramienta más común para pintar es el pincel, con tipos diferentes para crear efectos distintos con sus pinceladas – ligeras, gruesas, largas, cortas, etcétera.

Como todos los pintores de la época, Velázquez hacía sus propios colores, y Las lanzas demuestra claramente el efecto del viaje a Italia sobre la paleta del maestro español.  Las obras de su época sevillana son muy parecidas al naturalismo tenebrista de José de Ribera, incluyendo la luz orientada y blanca, el claroscuro y los colores oscuros y pardos[6]Las lanzas parece llegar de un mundo diferente: contiene muchos verdes, azules y una luz más difundida que cae en los españoles, especialmente Spínola, sin crear un efecto claroscuro.  Usa colores cálidos para las caras de la gente y varía las complexiones e iluminación para cada una[7].

Velázquez fue un pintor barroco, y podemos ver los rasgos del estilo en este cuadro.  Un principio es la complejidad entre el equilibrio, y esta obra es un ejemplo magistral de esto.  La escena clave está justamente al centro, y todo lo demás difunde de este punto en niveles concéntricos, añadiendo interés, complejidad y atracción sin distraer de lo más importante.

La rendición de Breda, como todos los cuadros en su serie, pone al comandante y a los soldados victoriosos en el primer plano y deja la batalla al fondo[8].  En el centro, flanqueado por tropas holandesas a la izquierda y españolas a la derecha, están los dos generales.  Velázquez ha usado algunas técnicas interesantes para atraer la mirada hacia los generales: hay caballos de un robusto marrón en posiciones invertidas, actuando como vallas entre los generales y las tropas[9].  Los comandantes llevan armaduras mucho más intrincadas que las otras figuras.  Spínola lleva una banda roja, símbolo de la realeza.  La luz se enfoca en ellos principalmente.  Finalmente, Velázquez guarda sus azules más brillantes para el fondo detrás de las llaves para que sean visibles y el ojo esté atraído a ellas naturalmente.  El pintor las representa muy finamente, como una pieza de naturaleza muerta[10].

Las otras figuras en el primer plano se extienden y envuelven a los generales como un aspa[11].  No sólo varían las teces y la iluminación de las caras en el cuadro, sino también sus expresiones y miradas.  Todos dirigen sus caras hacia un lugar diferente, como en El Entierro del Conde de Orgáz de El Greco.  Así la obra mantiene interés después de que el ojo del espectador haya salido de la escena central.  De especial interés son el soldado holandés a la izquierda extrema y el caballero español con bigote que miran directamente al espectador, incluyéndolo en la escena.  Además interesa el soldado español al lado izquierdo del caballo, cuya mirada se parece un reflejo de la del animal.

Para aumentar la distancia percibida entre el primer plano y los demás, Velázquez emplea sus verdes y azules y una luz más blanca y fría para el fondo.  En el segundo plano, visible detrás de los comandantes y las llaves, hay un desfile de otro grupo de tropas españolas, destacado por su ropa azul y sus lanzas, que parecen blancas por la distancia.  Más allá, en el tercer plano, está el paisaje Flandes y las ruinas del campo de batalla.  Todavía humean los fuegos en varios sitios.  Se puede ver a soldados y banderas y además muchas pequeñas fortalezas y trincheras.  Hay un gran lago blanco que era usado para riego, y además, estos detalles son fieles a la historia, impresionantes para un cuadro hecho diez años después de la rendición.  Tan fiel es el cuadro a la geografía real que la ciudad de Breda no es visible.  Atrás de todo, está un cielo profundo, más brillante que usual porque el cuadro retrata la mañana[12].  (La mayoría del cielo fue añadido después para conformar la obra con su espacio arquitectónico.)

Como la pintura es propaganda para el Rey, y como los holandeses son los vencidos de la batalla, Velázquez emplea otras técnicas interesantes para diminuirlos en la obra.  Aunque hay ocho holandeses atrás de Justino, parecen ser muchos menos porque dan las espaldas al espectador o están envueltos en la sombra.  Tienen lanzas, pero hay mucho menos de ellas que de los españoles.  Por otro lado, los españoles están iluminados, con sus rasgos visibles.  Su armadura parece mejor y ellos parecen más finos y fuertes que los holandeses.  Hay una bandera de azul y verde que separa atrapa el espectador.  Especialmente por las famosas lanzas, visibles en el primer y el segundo plano.  Para los españoles, el bosque de lanzas rígidamente verticales fue símbolo de su disciplina[13].  (Hablaremos de las lanzas no verticales luego.)  Sugiere el crítico Norbert Wolf que estas armas impresionantes dan fuerza especial a la magnanimidad de Spínola[14].

Otros rasgos barrocos son el movimiento y la tensión.  El movimiento entre los comandantes en la escena principal es clave al tema de la obra.  Es sugerido además por el caballo bronceando, los soldados inquietos y mirando por todos lugares, el desfile en el segundo plano y el caos natural en el fondo.  Las lanzas diagonales expresan la tensión genialmente.  Aunque veinticinco lanzas están rectas, cuatro se inclinan hacia la derecha, lo suficiente para ser notables.  En mi opinión, son estas lanzas diagonales las que atrapan al espectador, tanto que subtitulan el cuadro.

Para trivialidades interesantes, tenemos estas: el caballero al lado derecho, mirando al espectador, es Don Pedro de Berberana y Aparregui, ya retratado por Velázquez en 1631-32[15].  En Las lanzas se ve más recio, especialmente por su barba y bigote sucio, y además lleva una mirada de orgullo.  El hombre a la extrema derecha, detrás del caballo y de la bandera, es un supuesto autorretrato de Velázquez.  Justi conjetura que el anciano tras Spínola, apoyado en un bastón, es el barón Arenbergh, quien perdió su pierna durante el sitio y tendría especial interés en la rendición por esta desgracia[16].  Hay una hoja de papel en la piedra en el suelo de la derecha del primer plano.  Es un homenaje a El Greco, quien usara esta táctica en sus cuadros históricos.  La hoja en esta obra no tiene firma, un señal que Velázquez es tan impresionante y distinto que sus contemporáneos que no necesita firmar sus obras.

En el palacio real de Versalles hay un corredor que retrata las grandes victorias del ejército francés.   En todos aparecen los generales victoriosos, a caballo y sin ninguna lesión.  Los perdedores siempre son muertos u olvidados.  ¿Y dónde estaba la pintura de Napoleón vencido en Waterloo?  Todavía La rendición de Breda es más memorable y más inspiradora que ningunas de estas.  Según una obra de teatro escrita pocos años después de la victoria, cuando Spínola se abrazó con Justino, dijo: “La valentía del vencido es el honor del vencedor[17].”  No obstante, sin la genialidad de Velázquez, el pueblo se olvidaría de esta magnanimidad después de la guerra.  Es el artista obrador que ha preservado la memoria del general aristocrático.

Bibliografía

Abrantes, Ricardo; Fernández, Araceli; Manzarbeitia, Santiago.  Arte español para extranjeros.  San Sebastián: Nerea, 1999.

Justi, Carl.  Velázquez y su siglo.  Madrid: Istmo, 1999.

“Mirar un Cuadro: La Rendición de Breda o Las Lanzas.”  Sitio de la red del Museo del Prado.  <http://museoprado.mcu.es/cuadro_octubre_2001.html&gt;.

“Oil Painting.”  Wikipedia.  <http://en.wikipedia.org/wiki/Oil_painting&gt;.

Wolf, Norbert.  Velázquez.  Taschen: Madrid, 2000.


[1] Abrantes 173

[2] Justi 322-324; Wolf 47

[3] Justi 322-331 para todo el parágrafo

[4] Abrantes 172

[5] “Oil Painting.”

[6] Abrantes 169, 171

[7] Justi 334

[8] Wolf 47

[9] Mirar

[10] Abrantes 169

[11] Abrantes 174

[12] Justi 333, Wolf 50 para todo el parágrafo

[13] Justi 333

[14] Wolf 50

[15] Wolf 50

[16] Justi 332

[17] Justi 333