Inmigración y aculturación

Cuando un grupo o una persona se enfrentan con una cultura extraña por un periodo extendido, es inevitable que la cultura del grupo o las ideas de la persona cambiarán por la nueva información que ha asimilado.  Esto es “la aculturación.”  La inmigración es el ingreso de extranjeros para vivir en un nuevo país.  Porque un país es un grupo de personas unidas permanentemente, es obvio que cada grupo, y pues cada país, tendrá su propia cultura.  Pues cada inmigrante causa un choque de las culturas, y el intercambio entre el inmigrante y su nuevo país impulsará la aculturación para los dos.  El artículo “Cinco ideas falsas sobre la inmigración en España,” escrito por Sami Naïr y publicado en El País el 16 de mayo de 2002, explora este fenómeno en este país ibérico y concluye que no debe preocuparse los españoles con la aculturación de su oleada de nuevos ciudadanos.

El cuarto punto del artículo trata las razones económicas para inmigrantes ir a España.  Todo el mundo sabe que muchísimos inmigrantes de países pobres emigran a países ricos para encontrar trabajo que paga mejor, pero Naïr reclama que es la economía sumergida[1] que los llaman a inmigrar.  Cita una estadística que dos terceros de los inmigrantes en España trabajan en este sector informal[2].  Por las regulaciones bizantinas de propiedad, negocio, y trabajo común en ambos el “tercer mundo” y Europa, muchas veces no vale la pena para empezar un negocio y entrar el mercado formal.  Por contrario, un país tan grande y rico como España puede sostener un sector informal vibrante, donde es muy fácil para encontrar cualquier trabajo, sea vender baratijas o ser criado.

Desafortunadamente, los españoles en el sector formal consideran este mercado “sucio” y “negro,” pues tienen perjuicio para sus miembros, que mayoritariamente son inmigrantes aprovechando sus únicas oportunidades.  El sector informal, conjunto con la inmigración sin papeles, crea la impresión que todos los inmigrantes viven fuera de la ley y aprovechan de los trabajadores legales.  Pues Naïr sugiere que el gobierno busca eliminar el sector informal para proteger el derecho de gentes, o la ley, para eliminar las ventajas injustas de la economía sumergida, y para mejorar la imagen de los inmigrantes.

Para los inmigrantes, parte de la aculturación es ajustarse a la economía española para hacer la vida.  Sea en el sector formal o el sector informal, es trabajo, y los inmigrantes necesitan adoptarse los ritmos y las costumbres de los negocios españoles.  Quizás tuvieran ideas más románticas de cómo serían sus trabajos en España, pero tuvieran que cambiarlos en frente a la realidad.  Es posible además que porque muchos de los inmigrantes han pasado todas sus vidas en países donde la economía sumergida es omnipresente, tienen diferentes ideas que los españoles sobre qué es un trabajo admisible.

Las ideas que los españoles han creado de los inmigrantes son ejemplos de la aculturación, también, pero de una manera indirecta.  Salen mayoritariamente de dos fuentes: de los encuentros en la calle con los vendedores informales y de la media[3].  Cada semana hay videos de la oleada de barcos desde África que llegan en las Canarias y Andalucía.  Pues crean sus opiniones de este pueblo sin hablar con el pueblo.  Su aculturación es aprender que la cultura de los inmigrantes es una cultura desesperada y sin ley, pues la necesidad para reformar la economía sumergida.

El quinto punto del artículo trata con la aculturación en una manera más directa.  El mito que él lucha es que “la inmigración ‘amenaza’ con alterar la identidad de España.”  Este mito reconoce que la aculturación no es solamente desde la sociedad hasta el inmigrante; corre en la otra dirección también.  Si las tendencias demográficas en España consiguen, los inmigrantes del primero o segundo generación superarán a los españoles “tradicionales” dentro de este siglo.  Mientras surgen estos inmigrantes, sus culturas nativas surgirán también, y la cultura española diminuirá[4].  Estos pensadores tienen miedo que si haya demasiados inmigrantes, no tendrían que hacer la aculturación.

Naïr admite que es legítimo para una sociedad defender su identidad, pero niega que haya una identidad fijada ni de España ni de ningún país.  Un país que buscara cerrar sus puertas a las influencias extranjeras sufriría conflictos internos[5] o perdería su relación con la realidad y diminuirá[6].  Todas las culturas han sufrido la aculturación por sus historias.

El autor cree que todos los grupos de inmigrantes van a alcanzar la aculturación a España.  Según él, la sociedad a dónde va un inmigrante siempre es más fuerte y estructurada que él, pues él tendrá que adaptarse en torno a ella desde el momento que empieza a aprender su idioma.  Sin tener en cuenta si el país reagrupa a los inmigrantes por sus orígenes, como los EEUU, o somete el origen a la sociedad, como los países europeos continentales, los inmigrantes se adaptarán a su nuevo hogar después de bastantes dificultades y generaciones.  En el tiempo intermédiate, el país anfitrión tiene que respetar los derechos y las singularidades de los inmigrantes y enseñarlos sus obligaciones sociales, por los africanos tanto por los latinoamericanos.

Concluye el artículo con un aviso no hacer a los inmigrantes chivos expiatorios.  El chivo expiatorio recibe la culpa para todos los pecados de la sociedad; los inmigrantes de la misma manera reciben la crítica por todas maneras de problemas, incluido los bajos salarios, el sector informal, el descenso de la cultura española, y su falta de aculturación rápida a España.  Implica el autor que si los españoles culparan a los inmigrantes para no hacer la aculturación, ellos se sentirían aislados y no querrán hacer la aculturación.  La agitación de los españoles alcanza la razón de su agitación; es un “círculo perverso.”  En vez de culpar a los inmigrantes, deben los españoles abordar las razones reales por problemas sociales.

En resumen, Sami Naïr opine que la aculturación de los inmigrantes a España no vaya a ser problemático.  Asume que la sociedad española tenga la estabilidad para adaptarse y asimilar a estos nuevos ciudadanos sin caerse en caos.  Si España aplique sus propias leyes, resuelva sus problemas sociales pendientes, e informe a los inmigrantes de sus nuevas responsabilidades a la sociedad, esta “invasión” de inmigrantes sólo será un detalle histórico.


[1] La economía sumergida y el sector informal son sinónimos.  Se refiere, en corto, a la economía que el gobierno no reconoce.  Estos trabajadores no pagan impuestos de sus salarios hacia el Seguro Social; no están sujetado a la regulación; y no aparecen en las figuras del PIB.

[2] Irónicamente, si es verdad, debilitaría el argumento que los inmigrantes salvan el Seguro Social de la quiebra.

[3] Noto que he adquirido esta imagen también – hace dos parágrafos di “vender baratijas” y “ser criado” como ejemplos de los trabajos de los inmigrantes en el sector informal.

[4] Un análogo es la colonización de los siglos XVI-XIX, en que las culturas de los colonizadores suprimieron las culturas nativas de América y África.

[5] Análogo: la lucha clandestina de Franco contra Cataluña y País Vasco que exacerbó la situación actual.

[6] Análogo: España tras la Contrarreformación en los siglos XVII-XX.

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