Dalí: Cristo de San Juan de la Cruz

Salvador Dalí es más famoso para sus pinturas surrealistas de las décadas 1930 y 1940, pero continuó pintando para casi cuarenta años después de esta época.  Volvió a España y se hizo un católico fiel y un partidario de Franco (Bassegoda).  Mientras sus pinturas siempre eran originalísimas y extrañas, empezó a crear obras con temas religiosas y un estilo más clásico.  Por ejemplo, Corpus hipercubus o Crucifixión (1954) y La Última Cena (1955) funcionan como pinturas religiosas y también estudios de geometría, consiguiendo la tradición de los italianos del Renascimiento, mientras tratando sus sujetos en maneras originales.  Esta época inspiró a Pablo Picasso declarar que Dalí era <<el último pintor renacentista que le queda al mundo>> (Cristo).  Cristo de San Juan de la Cruz (1951) refleja la nueva mezcla de clasicismo y modernismo de Dalí perfectamente.  El técnico no es vanguardismo en ninguna manera; lo que distingue esta obra es el concepto.  Dalí retrata la Crucifixión de Jesucristo de una nueva perspectiva, con poder emocional y una sofisticación teológica que es francamente sorprendente.

El primero punto de interés de Cristo de San Juan de la Cruz es el título, que refleja la nueva filosofía de Dalí.  San Juan de la Cruz era un místico del Siglo XVII y un amigo y contemporáneo de Santa Teresa de Jesús en Ávila.  Durante un éxtasis espiritual, hizo un dibujo de la crucifixión de un punto de vista arriba de Jesús (Descharnes 169).  Por usando este dibujo por inspiración, Dalí está continuando la tradición mística en España.  Esto era el gol de muchas de sus pinturas: en su Manifiesto místico, hecho en el mismo año de este Cristo, dice que es el <<inventor de la nueva mística paranoicocritica y, como su propia nombre, el salvador de la pintura moderna>> (157).  Según Dalí, el misticismo era la única filosofía de su edad que podría comprender el nuevo mundo atómico, con su nueva metafísica y nueva ciencia.  <<¡Muerte al academicismo, a las fórmulas burocráticas del aire, al plagio decorativo, a las débiles aberraciones del arte africano!  ¡A mí Santa Teresa de Ávila!>>

Los sueños eran una inspiración para muchísimos de las pinturas de Dalí, especialmente los de su época surrealista.  El mundo de sueños es libre de las reglas del mundo físico: sin reglas y razón, la mente inconsciente puede moverse en cualquiera dirección quiere, superando la mente consciente.  Como los místicos, los analistas de los sueños, como Freud, buscan afuera del mundo físico para la verdad.  Mientras los místicos turnan a Dios para la verdad, los freudianos prueban los sueños y los lugares oscuros en las profundidades de la mente.  Interesantemente, Dios usa los sueños muchas veces en la Biblia: José, hijo de Jacobo, interpreta sueños para salvar a su familia y egipcios de la hambruna.  Dios tranquiliza a San José sobre el embarazo de su novia, Santa María, por un sueño, y también usa los sueños para salvar al niño Jesús del mal rey Hérodo.

En el Cristo, como en las obras de su pasado, Dalí reclamó sus sueños por inspiración.  En el primero sueño, vio al Cristo crucificado en Port Lligat (su hogar), en el estilo del dibujo de Juan de la Cruz, y oyó unas voces que lo mandaron pintarlo.  El segundo, que él tenía durante la producción, lo aconsejó pintar el Cristo bello, sin lesiones o sangre, y poner pescadores de unas pinturas de Le Nain y Velásquez en Port Lligat en vez de los pescadores nativos (Cristo).  Los sueños también revelaron a Dalí que la forma de Jesucristo en esta pintura se ve como el núcleo del átomo.  Pues, Jesús, como el átomo, y más que el átomo, es la verdad más fundamental en todo el mundo (Descharnes 169-170).

El misticismo y la interpretación de sueños son las influencias filosóficas de la obra.  Para el estilo de los dibujos, Dalí cuenta con las tradiciones del oeste.  Hay una tradición rica de las pinturas de la crucifixión, incluido dos de maestros españoles: Velásquez y Goya.  El Cristo de Dalí, como estos dos, solo tiene el color negro en el segundo plano detrás de la cruz.  El cuerpo de Cristo es físicamente perfecto, proporcionado como un modelo del Renacimiento.  Además, esta pintura, como Corpus hipercubus y La Última Cena, es un estudio geométrico en el estilo renacentista: el cuerpo de Cristo forma un triángulo mientras su cabeza es un círculo inscrito dentro (Descharnes 170).  Las nubes debajo de la cruz son bellas y realistas, y el color del cielo aquí me acuerda de la mezcla de azul y plomo de los cielos de Velásquez.  El paisaje, con los pescadores rústicos derivado de Velásquez y Le Nain, puede ser parte de una obra realista.  Esta obra no es como una obra de Picasso – es revolucionaria para su contenta, no para su estilo.  Refleja el gran respeto que Dalí tenía para los maestros del pasado, para sus métodos y sus creencias filosóficas y religiosas.

Aunque el fondo de muchas de las decisiones artísticas de esta pintura son sueños, la obra es bella y comprensible como arte.  El mensaje de la pintura es muy sofisticada, y muy central al cristianismo, y me sorpresa que yo no lo haya encontrado en mis estudios del cuadro.  Esta obra no es solamente un retrato de la crucifixión.  No solamente indica por su geometría que Cristo es la verdad más fundamental en todo del mundo, aunque esto es un mensaje profundo.  Cristo de San Juan de la Cruz es un retrato del papel metafísico de la crucifixión en la historia de la humanidad.  Todos los componentes controversiales, todos los componentes que Dalí recibió de sus sueños, contribuyen a este mensaje.  Quizás Dios hablara con Dalí como hablara con San José.

Primeramente, tengo que explicar la teología cristiana.  Según cristianismo, Dios nos creó en su propia imagen, pero también nos dio la elección libre para amarlo, y hacer bueno, u odiarlo, y hacer mal.  Dios no puede aguantar el mal, y por eso desde la caída de Adán y Eva y su expulsión del Jardín de Edén, los pecados han separado la humanidad de Él.  Para reunir y reparar las relaciones con Dios, se puso costumbre para los judíos sacrificarle algunas posesiones valuables – animales, comida, dinero.  Estos funcionaron para cosas sencillas, pero ¿cualquier sacrificio nos permitiría viviría con Dios en el Paraíso?  ¿Cualquier sacrifico redimiría todos los pecados de la historia de humanidad?  No cantidad de animales sería suficiente.  En lugar de esto, Dios ofreció su propio hijo, Jesucristo, como sacrificio.  Porque Jesucristo era verdadero hombre y verdadero Dios, podía llenar el vacío entre Dios y la humanidad para siempre.  El momento de este sacrificio era la Crucifixión.  Por eso, en la teología cristiana, la crucifixión no sólo es físico – es cósmico, lo que nos salvó para eternidad.

Esta es la realidad de Cristo de San Juan de la Cruz.  La gran mayoría de pinturas de la Crucifixión tiene un directo punto de vista, directamente en frente de Cristo como un retrato.  Por eso, vemos a Jesús como somos espectadores la crucifixión, y nos inspiran reflejar sobre nuestros propios pecados – porque Jesús murió para estos, también.  Si hay detalles en el segundo plano (y en el Cristo de Velásquez, no hay), son históricas, como los soldados romanos, las mujeres llorosas, o un paisaje desolado.  El Cristo de San Juan desbarata estas convenciones.  En vez de la perspectiva de un humano, vemos la crucifixión de la perspectiva de Dios.  Debajo de nosotros está la cruz, y debajo de la cruz está el mundo temporal, con sus pescadores (y pecadores).  La cruz literalmente conecta Dios con el mundo.  El segundo plano detrás de Cristo es negro en esta obra, pero no es para ayudar nuestra concentración, como el de Velásquez: es porque la cruz, y Cristo, ocupa un espacio entre el mundo y el cielo, en que no hay objetos físicos, representando su carácter universal.  De su posición arriba, Cristo puede observar todo que ocurre en nuestro mundo, todo para que sacrificara su vida.

Dalí pintó este Cristo sin daño físico, y explicó que quería representarlo bello, como un Dios.  Esta estrategia es práctica para expresar el mensaje espiritual, también.  Las lesiones visibles de Cristo, como el paisaje y los soldados romanos, son detalles de la historia, pero su sufrimiento, su muerte, y su divinidad son lo más importante, y Dalí representa estos bien con su figura, especialmente porque no podemos ver su cara, como los judíos del Antiguo Testamento.

El paisaje tiene interés, también.  El fondo de la cruz toca la parte de arriba de las nubes, manteniendo la relación entre Cristo y el mundo.  Las nubes son etéreas y oscuras, una buena transición entre el parte espiritual y el parte físico.  El paisaje es Port Lligat, el hogar de Dalí y Gala en España, y por eso la obra puede tener importancia personal para el pintor: Dios siempre está cuidando y salvando a él y su familia, también.  Los pescadores, como dije antes, son productos de pinturas de Velásquez y Le Nain.  Es interesante que éstos sean los representantes de la humanidad en el cuadro porque los primeros apóstoles de Jesucristo eran pescadores, también.  Esto puede reforzar que Jesucristo salva a las personas de todas las épocas.  Finalmente, estos pescadores no están mirando a Jesús; están trabajando.  Esto puede asemejarse a la ignorancia que muchas, casi todas personas tienen sobre la presencia constante de Jesucristo en sus vidas.  Y esto no es todo malo – tenemos que trabajar para nuestro pan de cada día debido a la maldición anciana de Adán y Eva.

Me sorprendí aprender que Dalí, el creador de El gran masturbador y Joven virgen autosodomizada, había hecho obras religiosas, pero esto simplemente ilustra la complejidad de cada persona y la imposibilidad de catalogando ninguna persona en sólo un estilo.  Cristo de San Juan de la Cruz es una obra maestra.  Es tan fresco y original que puede ser una pintura nueva, pero con estilos tan clásicos que parece que siempre ha existido.  Es una de las obras más profundas del arte cristiano y místico en el siglo XX.

Fondos

Bassegoda i Nonell, Joan.  <Arte Religioso de Salvador Dalí>.  Gaudi Club:  <http://www.gaudiclub.com/esp/e_equipo/cg/e_dali.asp&gt;.  21 Jun. 2006.

<Cristo de San Juan de la Cruz>.  Via Artis.  <http://www.viaartis.org/es/Dali/PIC_Dali-GAGx1951.php&gt;.  21 Jun. 2006.

Descharnes, Robert ; Néret, Gilles.  Dalí.  Taschen, 2004.  Madrid.

El Cristo Crucificado – Velázquez

Cristo Crucificado – Goya

The Passion

Grünewald, Mathis Gothart

La Tentación de San Antonio (1946)

La Madona de Port Lligat (1950)

Cristo de San Juan de la Cruz (1951)

Assumpta corpuscularia lapislazulina (1952)

Corpus Hipercubus (Crucifixión) (1954)

La Última Cena (1955)

El Concilio Ecuménico (1960)

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